Puede que Black Eyed Peas hayan perdido la credibilidad de camino al trono del mainstream pero siguen sonando como los ángeles, y eso en parte se debe a Bucky Jonson.
Han sido su banda de acompañamiento durante casi una década. Ahora han decidido reclamar un poco de atención para sí con un álbum en el que combinan funk, mariachis y algunas pinceladas de rap, con todas la virtudes y defectos que se les supone a los músicos de sesión. Printz Board U(teclados, bajo y trompeta), George Pajon Jr. (guitarra), Tim Izo (vientos, teclados, MPC) y Keith Harris (batería, teclados) suenan como una máquina de precisión, tocan como dios. A la vez, carecen de la intuición de Will.i.am. Desaprovechan algunas de las colaboraciones vocales, incluso la de Fergie. “Do It” y “Easy” no acaban de enganchar, algo que sí consiguen con “Oh No”. De hecho funcionan mucho mejor los cortes completamente instrumentales. Eso es lo suyo. Cortes infecciosos como “Bust It Over My Head” o “Neil Diamond”, en los que quizás se adornan a ratos demasiado, pero que muestran la verdadera virtud de Bucky Jonson: la ejecución.
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