Crítica de 'American Stories
', el nuevo álbum de Rostam
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Crítica de 'American Stories
', el nuevo álbum de Rostam

8 / 10
Fran González — 18-05-2026
Empresa — Autoeditado
Género — Indie pop

Como si de una extraña pero muy lúcida ceremonia de reconciliación se tratase, Rostam Batmanglij ha decidido sintonizar en una misma frecuencia la herencia y la fuga, haciendo de su tercer largo con nombre propio la obra que con más rigor y verosimilitud le representa. “American Stories” (26) es esa coordenada de transición que solo se puede alcanzar en un momento muy determinado de la vida: cuando por fin se comprende que la fractura entre las distintas aristas de una personalidad conforman realmente la misma. Ni antes ni después.

Por ello (y por supuesto, bajo el ignominioso contexto reinante), el nuevo trabajo del ex-Vampire Weekend se siente, sin duda, como hijo de su tiempo; no tanto porque nos hable de forma más o menos directa sobre el conflicto bélico-diplomático que continúa asolando la tierra de sus antepasados, sino porque, desde un prisma más doméstico y sentimental, nos cuenta cómo es sentirse parte de esa dualidad identitaria en constante fricción.

Como ciudadano estadounidense de origen iraní, Rostam tiene mucho que decir al respective de nuestro presente sociopolítico; sin embargo, no será este el disco refractario y combativo que quizás cabría esperar por su mencionada prerrogativa. El cantante y productor esquiva así el populismo fácil, dejando que sea la música, en su más estricto sentido y fuste, la que hable por sí misma. Tirando de fusión orgánica, y de la mano amiga de algún que otro virtuoso en la materia (Amir Yaghmai), la serpenteante insignia sonora de un saz persa desafina deliberadamente los paradigmas del pop occidental en la fórmula, desplazando los convencionalismos y sorteando con elegancia el exotismo postizo.

Suena este instrumento como una sombra latente y en segundo plano en “Like a Spark”, marcando desde el inicio su jurisdicción estética hasta terminar conquistando la soberanía acústica del elepé y atisbándose totalmente integrado ya en el final del mismo (“You feel the weight come down to you, ‘cause you know the truth, you got courage on your side”, canta con vitalidad fulminante en “The Weight” antes de dar paso a ese solo melódico del Radif que da carpetazo al álbum). En su correspondiente antípoda, un pedal steel polvoriento y desértico dibuja con sus característicos glissandos ese imaginario rural americano que Rostam parece querer reclamar y hacer suyo a toda costa (“The Road To Death”), hasta terminar optando por un pop paisajista que no rinde cuentas a ningún lado de la balanza (“Back of a Truck”, como uno de los tantos ejemplos que co-escribe junto al genial Tobias Jesso Jr.).

Entre tanto, claro, Batmanglij no duda en sacar también otras armas más reconocibles de su registro, recordándonos con estas por qué durante su etapa con Vampire Weekend la banda firmó los que seguirán siendo de largo sus mejores discos: los violines decimonónicos de “Hardy” (co-firmada junto a Clairo) remiten a esa sensibilidad académica y barroquista de sus antiguos compañeros, al tiempo que su interlocutora y colaboradora histórica nos maravilla con la belleza de lo imperfecto (“Maybe the greatest art is never completed”), y “To Feel No Way”, a su vez, nos traerá de vuelta esa licencia austera para emocionar con lo puesto.

Pero si hay un denominador común en todo este desaguisado es la ternura natural de Rostam, que en ningún momento trata de resolver, necesariamente, ninguna contradicción explícita entre la patria, el desarraigo o la memoria. Se basta con pasar de puntillas por la solemnidad y el desencanto generalizado ("Come Apart") para convertir el ruido en suavidad, la contradicción en lenguaje y la fragilidad en belleza sin condimentos.

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