La segunda edición del festival Aluniza en Zamora repetía ubicación en las Aceñas de Cabañales, tras el éxito del año pasado y con un público que en muchos casos repetía experiencia motivado por el buen sabor que dejó aquella primera edición. Con un cartel ecléctico en grupos y géneros, amparado bajo el lema ‘el festival en donde todas las bandas tocan bien’ el Aluniza comenzaba sobre la una del mediodía con el estreno de los zamoranos Ralli La Fort, que aprovecharon la ocasión para darse a conocer con un pop de capas que recuerda a esas bandas patrias de finales de los noventa, entre Nadadora (por la voz de su cantante) y distorsiones propias de My Bloody Valentine.
Tras ellos subían al escenario Vandalia, cuarteto que deplegó aquello que mejor saben hacer: fusión instrumental en el que géneros como el jazz, flamenco, folk o funky conviven, haciendo gala de su perfección instrumental y elegancia. Casi sin tiempo para digerir el anterior concierto, Meninos Das Laranjas pusieron el punto tropical con un jazz que acerca a la zona atlántica, mezclando influencias de la raya de Extremadura con la zona lusa e influencias africanas de las colonias, junto a la magnífica voz femenina de Mili Vizcaíno. Por su parte, Mabü daban comienzo a su actuación cuando ya el sol apretaba y era necesario buscar la sombra, con la intención de defender su último trabajo “ä- El sonido de una tierra escondida” (Altafonte, 25) en el que la voz de María resonaba junto al Duero con esa mezcla de claroscuros inherentes a temas motivados, en sus propias palabras, por la necesidad de dejarlo o seguir adelante. Por suerte, y tal y como pudieron comprobar los asistentes, ganó la segunda opción.
Los madrileños OBA TENGA llegaban a orillas del Fuero con su propuesta poco ortodoxa consistente en entreverar melodías pegadizas y letras personales, logrando al mismo tiempo la incitación al baile. Lo lograron desde el minuto uno y e hicieron suyo el ambiente del festival. Uno de los momentos más esperados coincidió con la caída de la tarde. Alpargata ponía patas arriba el asunto con la celebración de su 20 aniversario y en base a la fusión de rumba-jazz, gran variedad instrumental y esas letras irónicas y auto paradójicas que no dejan pie con cabeza. La divertida presencia del combo se metió en el bolsillo a una audiencia que, para entonces, ya estaba más que metida en la vorágine. Las locales Las Titis (antes Titis Twister) jugaban en cas y su su legión de fieles se hizo notar cuando desplegaron su rock ancestral, coreando los temas de su reciente estrenado “Rojo sangre” (Auto, 26) y propulsando que su torbellino de guitarras y batería resonaran por todas las aceñas.
Mientras anochecía llegó uno de los platos fuertes de la jornada, que no era otro que Micromambo, proyecto que Jairo Zabala (Depedro), Héctor Rojo y Martín Burhn. El trío comenzó dándole una vuelta de tuerca a una propuesta tradicional, popular y lúdica, tal vez como vía de escape al profesionalismo más estricto. Fuera como fuese, el asunto derivo en deleite de los asistentes, quienes apuraron al máximo las opciones contenidas en una hora de baile, disfrute e improvisación de ritmos. Joe Tatton volvía a Zamora, esta vez en formato trío y con la compañía del carismático Quique Gómez para inundar con un jazz-funk la noche zamorana. Ya de sobra conocidos por los asiduos al Avalon Café de la ciudad, sorprendieron a los que aún no habían coincidido con ellos, con la elegancia de Joe al Hammond y la profunda voz de Quique, que desgranaba algunos de los clásicos del género acompañado de su armónica.
Cuando pasaban las diez de la noche aparecían Morgan, a priori el plato más deseado del festival. El grupo madrileño ofreció un concierto que picoteó de casi todos sus discos, en esta temporada en la que cumple diez años “North” (North Records, 16), el que fuera su álbum de debut. Una Nina muy conversadora con el público, recordó que estaban encantados de regresar a Zamora, ya que Álvaro de Paz (responsable del Avalon Café y también del Aluniza) fue de los primeros en darles la oportunidad de tocar allá por los siempre difíciles inicios. Tras un repaso por las piezas de su último disco “Hotel Morgan” (North Records, 25) y con el público totalmente vencido ante sus artes, sonaron temas (tornados ya himnos en muchos casos) como “River”, “Home” o “Sargento de hierro”. Una secuencia amparada por la voz poderosa de Nina, acompañada de los improvisados coros del público y que, con la ciudad iluminada a la espalda dejaba una estampa idílica para recordar.
Finalizaba así la segunda edición del festival Aluniza, un evento apoyado por el Ayuntamiento de Zamora y que solo cabe agradecer tras destacar que sigue habiendo programadores valientes que siguen apostando por carteles distintos, arriesgando al mismo tiempo con grupos que no son tan habituales de focalizar dentro del circuito y diseñando así un cartel diametralmente alejado de aquellos más tendentes al copia y pega. Una nómina de artistas, la reunida en torno al Aluniza 2026, copada por bandas y músicos que apuestan, ante todo, por la calidad y el buen hacer. Crece así el interés por saber qué bandas acudirán a la que esperemos que su tercera edición, definiendo un listón que se antoja muy tras el acierto que han supuesto estas dos primeras ediciones.

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