Ca7riel y Paco Amoroso dieron el puñetazo en la mesa en el comienzo de su gira mundial para presentar “Free Spirits” y lo hicieron ante un colmado Movistar Arena en la ciudad que los vio nacer, Buenos Aires.
Así como una escucha centrada de este flamante álbum, al igual que de “Papota”, puede dar capas y capas de interacción eléctrico-cognitiva a quien se entregue a la faena, lo mismo pero a la enésima potencia sucede al presenciar semejante evento. Es real que la palabra experiencia está demasiado extendida y hoy sirve para describir el hecho de toparse con un avocado toast o para pisar sin calcetines una mullida moqueta, entonces vamos a intentar explicar que este show es algo más que una experiencia, diría que está cerca de ser un happening de carácter trascendental. Ojo, no es un espectáculo a medida de cualquiera, pero sí de cualquiera que haya conectado con la obra de los argentinos, y de unos cuantos más.
No tiene nada que ver en cuanto a su concepción, pero ciertamente desde que C Tangana trajo “El Madrileño” hace ya casi cuatro años a este recinto del centro geográfico de Buenos Aires, que no veía un show tan profundo y movilizante. Que “profundo y movilizante” no lleve a pensar en solemnidad emocional: esto es adrenalina, deslumbre y diversión hierve-sangre. Del modo que en “Free Spirits” supieron aunar una serie de conceptos y comportamientos clásicos de su lugar de origen y darle forma de canciones modernas, globales y de una musicalidad exultante, también el show es un muestrario de incentivos que no cesa en ninguno de sus más de cien minutos.
De por sí, el escenario plagado de amigos de los músicos (de los famosos y de los de toda la vida), no puede no sacarle una sonrisa a medio mundo mientras suena el primer triunfo: “No me sirve más”. Antes de este inicio explosivo, la liturgia contaba con todos los cuidados detalles: sonidos ancestrales desde una hora antes del show y frases célebres en las pantallas de referentes que exaltan el humor bizarro reinante en esta propuesta (referentes: ¡desde Osho a Jennifer Aniston!). Escenario y dress code de tonos claros y el logo omnipresente de “Free Spirits” también el nombre del spa de wellness desde donde nace el concepto del disco, con Sting como su gurú tan cercano como místico.
Cuando en segundo lugar suena “Nada nuevo” se entra en un túnel de delirio adrenalínico en el que caben Bollywood, Sean Paul, Lady Gaga y varios universos alineados. Caen los hitazos uno detrás del otro (destacable como en solamente dos LPs y un EP logran abarcar esos 100 minutos de melodías coreables y beats bailables) y mientras el sonido alcanza niveles de excelencia los horizontes se amplían a cada track. Porque cuesta encontrar en este momento híper producido -respecto a las giras y las actuaciones en directo-, un show que amalgame con tanta maestría una ductilidad musical así de seria y un sentido del humor tan guaso, pero que al final si te hace reir es que tan burdo no será. No es exagerado acordarse de Frank Zappa o Mr Bungle mientras se sacan estas conclusiones.
Paco y Ca7riel tienen el don de llevar el barrio a la estratósfera en su nave de cartón. Semejante logro les permite encaminar lo mejor de sus influencias tanto musicales como culturales y sin despeinarse, con total frescura lograr que el mundo ponga los ojos en ellos por mucho más que las rutilantes colaboraciones de Sting, Anderson.Paak, Jack Black y Fred Again. Todo el show es una demostración de talento, desfachatez y trabajo duro, pero hay momentos claves que dejan la historia en el recuerdo. Uno: el dúo cantando “Día del amigo” a los abrazos con sus verdaderos amigos. Dos: Ca7riel pasando de tocar un demoledor riff en plan djent (en la versión metal de “Todo el día”) a cantar el fraseo R&B de “Ha Ha” como un Prince en celo. Tres: la sección instrumental (con Ca7riel a la guitarra) dándolo todo y sonando como una cruza de Return to Forever con Van Halen. Cuatro: el final con todo el crew en escena y debajo de ella en la misma sintonía fiestera al son de la parte más antigua del catálogo pacocatrieler en versiones de electrónica dura.
Podría seguir un buen rato más, pero optaré por ser obvio y que no se me escape la tortuga. Te lo digo claro, querido lector: no hagas planes para el 10 (Barcelona) y/o el 17 (Madrid) de Septiembre, tienes una cita con una pequeña gran revolución de la que mola muchísimo formar parte.

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