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texas piano man

Robert Ellis ya nos dejó un tremendo sabor de boca con su anterior disco datado en 2016. Sin ir más lejos aquel álbum homónimo, el cuarto de su carrera, escaló hasta el puesto número tres de nuestra lista de Americana/Folk de hace tres años, solo superado por las obras de Sturgill Simpson y Margo Price. Su capacidad para tejer canciones tan arrebatadoras y envolventes como “California”, nos dejó noqueados y colocó a su autor en el obligado radar de la publicación.

Ahora, tres años después, el de Houston se enfunda el traje de Leon Russell y, de blanco inmaculado sombrero tejano incluido, se sienta al piano para entregar un álbum de pop clásico atemporal y rematadamente bello. “Texas Piano Man” es una delicia lo pilles por donde lo pilles, y sus canciones rezuman y condensan el sabor añejo de la tradición de los que percutieron con brillantez ese mismo instrumento con anterioridad. De Elton John a Randy Newman, pasando por el ya nombrado Russell. Además tiene la facultad de no estar almibarado en exceso y no caer en la tentación del arreglo ampuloso que hubiera restado puntos al acabado final. Robert Ellis se basta y se sobra en la mayoría de los casos de su instrumento, unos cuantos detalles instrumentales a favor de la canción, y su cálida y arrebatadora tonalidad vocal para dejarnos embelesados. Y es que pocas veces se puede afirmar de un álbum que de este no sobra absolutamente nada, y que el devenir de los temas lo va engrandando a medida que avanza. Incluso un final tan banal y fuera de lugar como ese calypso titulado “Topo Chico”, con el que cierra, acaba por provocar la sonrisa que sin duda buscaba.

Antes, eso sí, han pasado temas mayúsculos como ese espectacular inicio con la ampulosa “Fucking Crazy”, cargada de una fina ironía al recordarnos, con dulzura naif, lo locos que estamos al vivir en este mundo que se va a la mierda. Tras esta se nos pone romántico hasta el extremo de caer en lo baboso con “When You’re Away”, pero lo hace con un tema tan cautivador, que se lo perdonas pronto y más si después te entrega una divertida “Nobody Smokes Anymore” fiel a la tradición de un maestro como Randy Newman. Tras esta saca su vena más vodevilesca en una divertida “Passive Agressive” digna de un musical de Broadway. Llegados a este punto nos encontramos con una de las canciones más sentidas y bonitas del lote: “Father” es una descarnada carta a ese progenitor ausente que no estuvo ahí para verte crecer y al que deseas perdonar pero, sobre todo, deseas preguntar ¡tantas cosas! Conmovedora es poco. Y así podemos seguir hasta el final, destacando la narrativa de los desencuentros conyugales de “Aren’t We Supposed To Be In love” y esa “He Made Me Do It” que es sin lugar a dudas otro de los momentos cumbre del disco, gracias a esa descripción de la biporalidad que nos arrastra a hacer cosas que en realidad no queremos.

Poco más que añadir para acabar excepto recomendar la escucha de un disco que está más allá de cualquier ecuación espacio-tiempo. La cosa no va de ser o resultar moderno. La cosa va de disfrutar con la música, y de eso hay garantía de calidad a raudales.

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Discos 26 febrero, 2019 ROBERT ELLIS

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