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hex

Con los discos póstumos siempre se corre el riesgo de realizar un análisis exagerado bajo la influencia de la lástima. La terrible injusticia y el enorme vacío que queda cuando la muerte se lleva a una persona joven, puede llevar a la crítica a dejarse llevar por la hipérbole y perder la sangre fría a la hora de valorar un trabajo.

Richard Swift nos dejaba el pasado julio a la edad de 41 años por las complicaciones en su maltrecha salud provocadas por una fuerte adicción al alcohol. Y con él se iba un brillante músico y productor especializado en crear atmósferas etéreas y teñir de envolventes arreglos las obras de músicos y amigos como Damien Jurado (que anda recuperando temas del propio Swift en sus recientes directos), Kevin Morby, Foxygen o James Mercer de The Shins. Artistas con los que tenía una indudable afinidad y a los que ayudaba a sobre dimensionar sus composiciones, elevándolas.

Pues bien, es esa misma capacidad para llevar las canciones a otro plano, lo que más destaca de este excelente trabajo en solitario compuesto cuando el músico ya estaba en muy mal estado. Y os puedo asegurar que intento mantener la cabeza fría y no dejarme llevar por la exageración de la que hablaba al principio. Más bien todo lo contrario.

“The Hex” es un magnifico trabajo de orfebrería sónica que resume a la perfección el legado de Richard Swift. El mismo que se basaba en el folk-pop setentero de tintes psicodélicos y el indie-rock más delicado que huye de lo obvio e intenta aportar algo diferente sin perder de vista la tradición de la música popular estadounidense. Una actitud compositiva que lo situaba en un plano similar al de otros orfebres como Matthew E. White, Jim James o Ed Droste de Grizzly Bear. Solo hay que dejarse llevar por la envolvente melodía de temas como “Broken Finger Blues” o la etérea y mágica “Sister Song” para ver los quilates de este álbum. Un disco variado que puede ir del ragtime de vodevil de “Dirty Jim” al soul-funk psicodélido de “Babylon”, pasando por el envolvente muro de sonido de la exuberante “HZLWD”, invocar al espíritu de Parliament en ” Kensington!” o recordar la delicadez del también malogrado Elliott Smith en el tema que cierra el álbum titulado “Sept20”.

“The Hex” debería ser, además, una magnifica excusa para tirar del hilo y escuchar los otros trabajos en solitario de Richard Swift y bucear de paso en sus producciones. Solo así rendiremos el merecido homenaje a una de esas figuras que no parecen importantes hasta que desaparecen. Porca miseria.

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