1999. Super Deluxe Edition
Discos / Prince

1999. Super Deluxe Edition

9 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — hace 1 mes
Empresa — Warner Import
Género — Pop

Perfilado como uno de esos álbumes de fin de milenio mucho antes de que este llegara, y quizá por eso mismo – quedaban 18 años todavía – mucho más celebratorio, gozoso y festivo que angustiado, “1999” pasó a la historia como la primera de las obras maestras de Prince durante unos ochenta en los que nadie logró mayor acopio consecutivo de discos deslumbrantes, por mucho que los récords numéricos fueran para Michael Jackson. Un álbum doble que fue también el más robótico y marcial de todos sus trabajos, con su concepción del funk sintetizado adquiriendo una solidez rítmica que roza la epopeya, pero que a la vista de esta reedición en formato Deluxe y con sonido remasterizado, compuesta por cinco cedés, quizá merecería también una reevaluación desde un prisma más actual: se trata de un doble algo excesivo, algo que en el caso del genio de Minneapolis va de fábrica, prácticamente un pleonasmo, eso es cierto. Pero es también una colección de cortes que, a oídos de 2019, y esta es una opinión muy personal que puede sonar a herejía, acaba por resultar autoindulgente en sus largos desarrollos y redundante en sus extenuantes jams, por mucho que en su momento todos estuviéramos de acuerdo en que ahí radicaba parte de su innegable magnetismo. La música no se escucha de la misma forma ahora que hace casi treinta años, y en consecuencia, tampoco se compone igual.

El segundo cedé de esta reedición (en versión de disco doble y también quíntuple) agrupa las versiones cortas, en formato siete pulgadas, de cortes tan indiscutibles como “1999”, “Little Red Corvette”, “Lady Cab Driver”, “Delirious”, “Automatic”, “Let’s Pretend We’re Married”, “All The Critics Love You In New York” o “D.M.S.R.”, y si uno hace el ejercicio de hacerlas sonar en el mismo orden en el que fueron plasmadas en el disco original (el primero de los dos cedés aquí), observará que quizá no necesitaban tanto minutaje, salvo que su escucha fuera ligada a su traducción al escenario (algo de lo que ya da buena cuenta el quinto cedé, grabado el 30 de noviembre del 82 en el Masonic Hall de Detroit, con canciones también de su producción anterior) u orientada al goce sensorial en pareja (bueno, o con más de dos, que todo puede ser viniendo de quien viene): son composiciones que buscan un mantra sostenido y meridianamente sexual, en busca del clímax. Sin esas premisas, ahora no viene mal la tijera.

Entre los rescates, hay algunas joyas como la tórrida “Moonbeam Levels”, la contagiosa “Teacher, Teacher” (nada que ver con la de Rockpile, salvo que es igual de pegadiza), la fabulosa “Do Yourself a Favor” o algunas caras B de los singles del disco original, como la tierna balada al piano “How Come U Don’t Call Me Anymore?” (cara B de “1999”) o esa “Horny Toad” (cara B de “Delirious”) que conserva su mismo molde, más escorado, eso sí, al cimbreo del rock and roll clásico. Hay chicha de sobra, por supuesto. Festín para el fan completista y buena puerta de entrada – aunque las hay mejores – para el neófito.

 

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