Como si fueran la (irónica) respuesta colombiana al Instituto Mexicano del Sonido (no tanto por su interés en el hip hop sino por su reinterpretación de la música popular latinoamericana), contradictorios y con alergia a tocar en público, Las Malas Amistades llevan más de diez años sobreviviendo con caradura, diversión, ironía y desfachatez en el país de Shakira y Juanes, grabando discos cada vez más extraños y, curiosamente, más cercanos a su raíces.
Patio Bonito”, el tercero, es una curiosísima colección de canciones imposibles, en las que huyen del convencionalismo de la fórmula estrofa-estribillo. ¿Música Popular? Extrañamente sí. En los diecinueve cortes de “Patio Bonito” laten clásicos freaks del folklore colombiano, canciones de esas que te persiguen hasta que te sorprenden cantándolas en cualquier sitio (a ver quién puede resistirse a “Dime lo que sueñas”, “Cha Cha Cha”, “Ahora”, “U” o la estupenda “Museo de los Imperfectos”). Esta es una música libre, anárquica y abstracta, punk y rarísima. Es casi pop y es casi tropicalismo, casi bossa, casi salsa o ballenato. Pero no es ninguna de esas cosas.
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