Pasiones en diferido
DiscosJc Peña

Pasiones en diferido

6 / 10
Fran González — 09-05-2026
Empresa — Fort Point Records
Género — cantautor
Fotografía — Archivo

Lejos de tropezar con la tentación de la inmediatez y el efectismo reinante, JC Peña ha decidido conjurar su debut en solitario bajo una frecuencia muy antagónica a la del signo de nuestros tiempos. Tanto, que no resulta casual que el músico y periodista haya optado por bautizar a su criatura con el título de “Pasiones en diferido”, pista preclara de su voluntad expresa por evocar la emoción retardada, la que deja poso.

Peña va a contracorriente, en el mejor de los sentidos, a lo largo y ancho de trece cortes exentos de premura y abigarramiento, pues en su máxima parece imperar el deseo por escrutar los sentimientos más primarios sin ironías ni cinismos. Un ejercicio de vulnerabilidad y transparencia, orquestado entre texturas contenidas por Óscar Moreno (La Débil, Nudozurdo) quien, sin duda, será clave para que la impronta final del compacto nos recuerde, en mayor o menor medida, a otros nombres de nuestra escena.

El principio activo de su sinceridad radical arranca bajo el paradigma del noctambulismo ensimismado (“Noches de insomnio”), tan oportuno para la receta como esa métrica absorta que se desliza entre acordes sostenidos y llena la estancia de vapor y bruma. Con solo seis cuerdas y una elocuencia al borde del precipicio, Peña va haciendo cada vez más pequeño el círculo, entrelazando en su relato desencantos (“Sé lo amargas que saben estas putas esperanzas”, canta en “Reflejo y Espejismo”), duelos (“Manual para dejar de quererte”) y declaraciones en lo-fi (“Tus ojos marrones”) hasta integrar en una misma praxis el costumbrismo atonal de Marcelo Criminal, la quiebra catártica de McEnroe o la tiniebla confesa de Nudozurdo.

Asumiendo su convencido rol de analista del ocaso sentimental, el bueno de JC desenmaraña canción a canción los sinsabores del (des)amor, sin dejarse en el tintero ni una de las particularidades de su bitácora más privada: desde la omnipotencia fallida del “Super-hombre” hasta el capricho por cristalizar la fugacidad idealizada (“La fotografía). Y aunque su anemia de registros invite a cierto inmovilismo estético, también habrá momentos de técnica y solvencia que rompan la baraja y apunten, inesperadamente, en direcciones que merecen puntuar con nota: armonías abiertas que apuestan por el pop naíf noventero (“Pasiones en diferido”) y estructuras herederas de la distorsión más americana, con “Misterio (Lovedrin)” remitiéndonos a una suerte de Sonic Youth domesticados.

Sirva su custodiada competencia para entender que, más que un debut al uso, “Pasiones en diferido” se lee como la rentrée con nombre propio de un artista que conoce como la palma de su mano los márgenes, conquistados durante años a través de formaciones diversas (Estoikov, El relevo alemán, Pandan-Lagl, Cuzin, Muerte y Destrucción) y picando piedra en la clandestinidad de la escena, hasta dar rienda suelta, ahora sí, a su forma más descarnada, expuesta y, quizás, verdadera.

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