La principal virtud que han logrado The Beautiful South durante su carrera ha sido plantarse con semejante entereza en una jukebox de pub londinense zona 3 que en una reunión de Tupperware de Hull o en la Tower Records de Piccadilly. La segunda ha sido mantenerse. La madurez con la que han abordado su creciente listado de nuevos estándares del soft-pop les ha otorgado un público multiforme (y, en el Reino Unido, masivo).
Pero cuidado con su gazmoñería interpretativa. Tiene coartadas. Primera: su capacidad melódica y vocal es innegociable. Ya era así en Housemartins y Heaton está hoy mucho más gordo. Segunda: contemplen la bilis intersexual que transpiran sus textos y contrapónganla a su estilo puretón. ¿ No ven aumentar el tamaño de sus ironías? “Painting It Red” no engaña y, aunque no llega a la desbordante inspiración de sus cuatro primeros discos, sí contiene sus mejores temas desde entonces. Baladismo digno, midtempos de alta fidelidad, soul albino, mordacidad… no pidamos que exilien de un lugar que, sin ellos, quedaría vacío. Ocupan su parcela y son los únicos que tratan al joven como adulto y al adulto como lo que es. Y con universalidad. Sin pretender que una cuarentona sea la freak corretiendas de post-rock que no puede ser. Son útiles. Piensen que su target, en España, lo cubren Presuntos Implicados. ¿Dentera, tal vez
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