Here’s That Bliss You Left Behind
Discos / Noise Box

Here’s That Bliss You Left Behind

8 / 10
Carlos Pérez de Ziriza — hace 1 mes
Empresa — Son Buenos
Género — Indie rock

Somos unos cuantos los que llevamos tiempo insistiendo, ahondando en una reflexión que ya empieza a ser un tópico: si en lugar de provenir de Murcia los Noise Box fueran de Londres, de Estocolmo o de Brooklyn, es muy posible que su suerte bien fuera otra. Disculpen el papanatismo, pero es que difícilmente puede entenderse el escaso eco que su discografía recaba desde hace años. Ni siquiera aunque insistan en cantar en inglés, que en su derecho están, desde luego. Mientras su líder, Jesús Cobarro, se gana las lentejas girando como refuerzo de los populares Viva Suecia, la nave que pilota con mano diestra desde hace dos décadas sigue progresando lejos de los grandes radares mediáticos y de los carteles de los festivales clónicos.

Su tercer álbum es, en realidad, un compendio de tres EPs, publicados a lo largo de los últimos meses, pero funciona como un todo, con sus canciones entreveradas. Que a uno le vengan a la cabeza nombres como The Radio Dept, My Bloody Valentine, The Pains of Being Pure At Heart o The Mary Onettes no significa que carezcan, ni mucho menos, de una rúbrica intransferible, rarísima de escuchar con esta solidez por nuestros pagos, armada sobre evocadores entramados de guitarras y melodías ensoñadoras. Y con la garantía de Paco Loco a la producción.

Entrando en faena: “Like a Girl” es un pepinazo irrebatible, “On and Off” es delicada hasta derretirse, “Glow” irrumpe como un gozoso chaparrón eléctrico hasta coronarse con un estribillo cegador, y “Smithereens” recuerda a los Kitchens of Distinction cuando se acercaban a la hipnosis de los Cocteau Twins. ¿Seguimos? “Submarine” sintetiza como un fogonazo su mezcla de melancolía y euforia echando mano del auto tune (nada menos), “Passengers” deriva en un desarrollo instrumental que no desentonaría en la última producción de The Horrors para desembocar en rotunda borrasca con fuerte aparato eléctrico, y “The Fog” acaricia los sentidos con su armazón sintético, como la calma tras el vendaval. Tras todo eso, imposible pensar en mejor broche que “Sleeplessness”, de nuevo con la sensación de que estas canciones, como todo lo que han facturado Noise Box hasta la fecha, demandan a gritos mucha más atención.

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