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nathan fake

Once años han pasado desde que vio la luz su opera prima ‘Drowning in a Sea of Love’ (Border Community, 2006). Temas como ‘The sky was pink’ o ‘Superpositions’ convirtieron en aquel momento a Nathan Fake en uno de los artistas más punteros del mapa electrónico, con una evolución aún por conocer y, sobre todo, objeto de altísimas expectativas. Pero ni su trallero y macarra segundo disco ‘Hard Islands’ (Border Community, 2009) ni su sucesor ‘Steam Days’ (Border Community, 2012), con el que conseguía volver en su forma pero no en su esencia a aquel brillante punto de partida, consiguieron estar a la altura de un debut demasiado redondo. Tras cinco años de silencio, el que hubiese militado desde sus comienzos en Border Community, sello capitaneado por su amigo James Holden, regresa con nuevo material, esta vez bajo el manto de Ninja Tune.

Desde que damos al play a ‘Feelings 1’, tema encargado de abrir el disco con una contemplativa sinfonía de sintes arpegiados, y hasta una vez suena la última canción, asistimos a un viaje en el que cada sinte o cada clap parecen regidos por una emoción primitiva, auténtica. ‘Providence’ consigue escapar de las fórmulas del pasado, y al mismo tiempo recupera la frescura y el entusiasmo que lleva impresos un primer disco, llegando a un sonido final estéril y alejado del hype.

El discurso de Fake aquí se acerca al mito de aquel que resurge con fuerzas de las sombras. Al del artista que encuentra en su instrumento el mejor antídoto a sus fantasmas. Paralelismos que recuperan sentido cuando descubrimos que ‘Providence’ marcó el fin de un oscuro periodo en la vida de su artífice. De ahí, ese halo casi sagrado y mágico que envuelve cortes como ‘HoursDaysMonthsSeasons’ o ‘Radio Spiritworld’ y que sigue presente en gran parte del disco, profanado tan solo por los crudos sintes del Prophecy de Korg, empleado en numerosas ocasiones en la producción y cuyo nombre sirvió de inspiración para el título del álbum.

A medida que avanza el tracklist, la dialéctica de Nathan Fake se vuelve cada vez más densa, sobre todo a partir de la cañera ‘DEGREELESSNESS’, compuesta en colaboración con Prurient (Vatican Shadow), quien deja su impronta con su voz gutural y distorsionada. A partir de ahí, el de Norfolk marca una senda con suelo firme que atraviesa espacios sonoros repletos de claroscuros, habitados de un sinfín de filtros, arpegios y efectos, y en cuyo interior conviven temas de corte claramente ambient con otros más frenéticos (‘The Equator & I’, ‘CONNECTIVITY’). Casi llegando al final del disco, nos topamos con otra colaboración vocal, –las primeras que encontramos en la discografía del inglés–, esta vez firmada por Raphaelle Standell-Preston (Braids y Blue Hawaii) en la espacial ‘RVK’, un corte con sonido 100% UK que da paso a las introspectivas y etéreas ’REMAIN’ y ‘Feelings 2’; tema que hace de broche final a un disco que cierra en círculo y que se erige desde ya como uno de los mejores de electrónica de lo que va de año.

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