Reconforta que una banda como Electric Riders logre cierta repercusión más allá de nuestras fronteras.
Este cuarteto pamplonés inició su andadura en el año 2000, afrontando, de entrada, las típicas dificultades que comporta ir contracorriente apostando por el space rock enraizado en la psicodelia de finales de los sesenta y el hard rock seudo progresivo los setenta. Tras superar algún cambio de formación, su tercer largo aparece bajo los auspicios de un sello alemán que les lanza en vinilo y digipack. Además, ya pueden presumir de haber girado por el viejo continente, esperemos que manteniendo la intensidad que les ha caracterizado en vivo hasta ahora. En cuanto a este nuevo trabajo, ofrece doce potentes cortes que acogen meritorios desarrollos instrumentales, afortunadamente sin caer en excesos excepto en algún pasaje de la parte final. Por lo demás, cabe aplaudir que se reafirmen sin complejos en el carácter retro de su propuesta, pues en su caso los delirios innovadores no tendrían sentido. Y es que no inventan nada, pero con discos así, ni falta que hace.
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