Kin
Discos / Mogwai

Kin

7 / 10
Guillermo Chaparro Terleira — 29-10-2018
Empresa — Rock Action
Género — B.S.O.

Desde sus primeros trabajos, la música de Mogwai, clasificada dentro de esa ambigua y amplia etiqueta en la que se ha convertido el post-rock, ha destacado por su facilidad para evocar imágenes cinematográficas en el oyente a través de las escuchas. Esta vinculación con lo visual se materializó por primera vez en 2006 cuando se encargaron de componer la banda sonora del documental sobre Zinedine Zidane, “Zidane: A 21st Century Portrait”. Desde entonces y en paralelo a su productiva carrera, los escoceses no solo han sido capaces de musicalizar las proezas del astro francés, sino también de poner melodía a los desastres de la era atómica en “Atomic: Living in Dread and Promise” (Pias, 2015) o a los misteriosos sucesos que ocurrieron en la serie para la televisión de “Les Revenants” (Pias, 2012). El último ejemplo de esta hiperactividad es su trabajo para la cinta de los hermanos Baker, “Kin” (2018), lo que supone también su primera incursión en una superproducción de ciencia ficción.

Desde las primeras escuchas no resulta difícil identificar a los escoceses. El álbum se mueve entre una calma atmosférica apunto de quebrarse y esa épica frenética que ya marcaban el camino en sus primeros trabajos. Es sin duda el gran protagonismo que adquiere el piano en el álbum lo que más llama la atención a medida que nos sumergimos en el álbum. Su fuerte presencia marca el ritmo emocional de las canciones, algo que queda bien reflejado en el tema que abre el disco, “Eli´s Theme”, o la canción que la sucede, “Scrap”, donde las notas del piano van entrando poco a poco hasta convertirse en las encargadas de manejar las sensaciones del oyente.

Pero si antes decíamos que ya desde los primeros contactos con el disco es fácil identificar la mano de Mogwai, también es en esas primeras escuchas donde percibimos que es su condición de banda sonora la principal debilidad del álbum, pues a falta de las imágenes en pantalla como acompañante de las canciones y de unión entre éstas, el álbum se convierte en una suerte de temas sueltos donde cuesta encontrar una narración interna que las conecte.

No obstante, estamos hablando de un grupo de la envergadura de Mogwai, un valor seguro que hace que un álbum como este, menor en la trayectoria de los escoceses, sea capaz de esconder joyas marca de la casa como “Donuts”, “Flee” o “We’re Not Done”, evocadora de los mejores momentos de su trabajo más reciente, “Every Country’s Sun” (Rock Action, 2017).

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