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mini mansions disco

En el que es su tercer disco de estudio, Mini Mansions parecen apostar sin tapujos por la efectividad de las propias canciones, dando prioridad a la inmediatez sobre cualquier trascendencia más allá del aquí y ahora. Es la conclusión que se deriva de un álbum vertical y con mayoría de piezas pegadizas, protagonizadas por indie-pop resultón y que toma diferentes variantes, en la evidencia de que hedonismo y celebración funcionan como principales motivos del lanzamiento.

Y lo cierto es que el trío formado por Michael Shuman, Tyler Parkford y Zach Dawes consigue su objetivo, al menos durante esa parte de la referencia que se concreta en aciertos claros. Sucede con el trío inicial formado por “Should Be Dancing” -que se manifiesta como una especie de Arctic Monkeys (pretendidamente) inofensivos-, la bailable “Bad Things (That Make You Feel Good)” deudora de Vampire Weekend, y el ramalazo glam de “Dont Even Know You”. También en otros temas como ese pelotazo synth-pop que es “I’m In Love”, el jugueteo a lo Fratellis de “Forgot Your Name”, y el acercamiento al dream-pop de “Time Machine”. Todo eso pasa en la primera mitad, y es cierto que el tramo comparte espacio con otras partes menos atractivas que hacen que, intermitentemente, la obra pierda fuelle. Es el ritmo menos convincente que marcan canciones bastante más discretas y algo sobadas del tipo de “Works Every Time”, “Hey Lover” o el electro-pop de “Living In The Future”. Puede que el trío haya utilizado en beneficio propio su militancia (de uno u otro rango) en formaciones de élite como The Last Shadow Puppets, Queens Of The Stone Age o los propios Arctic Monkeys, pero el caso es que el presente conjunto incluye cierta pluralidad de lo más agradecida, y el asunto finalmente resulta tener bastante más miga de lo que sugería una primera impresión. Y es que, a pesar de cierta irregularidad en el cómputo global, el buen sabor de boca se impone como principal consecuencia del elepé.

Mini Mansions parecen haber dado un paso al frente con “Guy Walks Into A Bar…” (Caroline, 19), con el que aumentar su popularidad de manera exponencial. Y con el que, de paso, presentan candidatura para cerrar cualquier festival que se precie asegurando una fiesta de calidad gracias a la banda sonora formada, entre otros, por muchos de los temas incluidos en este trabajo. Seguramente ese era uno de los objetivos del grupo, así que se puede afirmar que a los californianos la jugada les ha salido bien.

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