Hay algo profundamente incómodo en Crisis Mundial de los 40. Y precisamente ahí reside gran parte de su acierto. El debut de O.Q.L.I.T., el proyecto formado por Darío Garrido y Bea de la Cruz, no intenta maquillar el agotamiento emocional ni disfrazar el vértigo generacional bajo capas de nostalgia sintética. Lo que hace es convertir todo eso en combustible sonoro.
Entre cajas Roland TR-808 y 909, guitarras ambientales, flautas traveseras y una electrónica que por momentos mira al post punk más áspero y por otros al indie pop atmosférico, el dúo albaceteño construye un disco atravesado por la sensación constante de colapso. Personal, sentimental y también colectivo. Porque Crisis Mundial de los 40 habla de relaciones que se desgastan, expectativas heredadas que nunca llegaron a cumplirse y una generación obligada a sobrevivir entre la precariedad emocional y el exceso de estímulos.
La producción de Javi Milla (Chucho, TodoMal), termina de empujar ese carácter híbrido del álbum. Hay músculo electrónico, sí, pero también una búsqueda melódica muy marcada y una tendencia constante hacia la tensión atmosférica. O.Q.L.I.T. parecen más interesados en generar estados emocionales que en encajar dentro de una escena concreta.
Desde “Estoy Listo”, convertida casi en un manifiesto generacional contra el espejismo de la estabilidad prometida, hasta “El Obsolescente”, donde la dependencia tecnológica se transforma directamente en distopía emocional, el disco funciona como una especie de mapa de ansiedad contemporánea. También aparecen momentos más luminosos o directamente hedonistas, como “Cada Segundo”, donde el placer y la belleza surgen como pequeñas trincheras frente al ruido exterior.
En realidad, buena parte del atractivo del proyecto nace precisamente de esa convivencia entre extremos. O.Q.L.I.T. manejan muy bien el contraste entre melodías envolventes y letras atravesadas por el desencanto, entre el impulso de bailar y la sensación permanente de derrumbe. Hay ecos de post punk electrónico, synthwave oscuro e incluso cierto imaginario industrial, pero todo aparece filtrado desde una sensibilidad bastante emocional y cercana.
También se percibe el origen multidisciplinar del proyecto. Antes incluso del disco, O.Q.L.I.T. ya había transitado terrenos vinculados a la videopoesía y la experimentación audiovisual, algo que termina impregnando tanto las letras como la construcción narrativa del álbum. Dario, vinculado anteriormente a Chucho y Seizu, y Bea especializada en flauta travesera, consiguen que el disco nunca se limite a un simple ejercicio de revival electrónico.
Más que buscar respuestas, Crisis Mundial de los 40 parece interesado en ponerle sonido a una sensación bastante reconocible: la de intentar mantener cierto equilibrio emocional mientras todo alrededor da señales de agotamiento.
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