Red River Ride
Discos / Martin De Marte

Red River Ride

8 / 10
Eduardo Angulo — 23-09-2020
Empresa — Autoeditado
Género — Pop

No tiene que ser fácil, en medio de este tiempo de pandemia y de incertidumbre vital y musical, haberte sacado de la manga un trabajo tan original y, por qué no decirlo, tan bueno, y sentir que todo lo que está por venir es algo tan volátil y frágil. ¿Qué nos deparará el futuro?

Así de contundente arranca la crítica de “Red River Ride”, el segundo trabajo de Martín de Marte (tras “Hello Friend”, 2018). Y es que su nuevo álbum es una creación absolutamente propia en el que el músico compone y toca todos los instrumentos en el momento de llevar a cabo la grabación. Una vía de evasión dentro de tan magna movida.

Con la guitarra como elemento vertebrador, sus once cortes, repletos de matices y capas, salpicados por sintetizadores y teclados, son capaces de generar una atracción absoluta desde la primera escucha. Sus temas suenan frescos y son un soplo de vitalidad que suena, por momentos, a playa californiana sin necesidad de moverse de las costas de Zarautz. Y es que “Red River Ride” puede acompañarte en un viaje en coche, durante un encuentro subido de tono, o rompiéndote la cadera durante un baile frenético en el Dabadaba.

Un disco estructurado en el que los tres primeros y últimos cortes, cargados de sensualidad contenida, se alternan con una parte intermedia (siete temas) mucho más vertiginosa y bailable. Una delicia.

Su dream pop evocador y atmosférico recuerda al trabajo de Mac DeMarco, Horsebeach, Balue o Hawaiian Gremlins, influenciado, además, por Itoiz o clásicos como Jimi Hendrix. En temas como “En La Rave” navega cercano a bandas estatales como los mismísimos Pony Bravo. Entre la originalidad del trabajo está el poder encontrar canciones en euskera, inglés y castellano (en temas como “You Better Ulertu”, “Algo y Yo” o “Zardezan”, incluso mezclados), no perdiendo nunca la contundencia así como, tampoco, su coherencia.

La masterización fue llevada a cabo por el Doctor San Sebastián tras haber sido grabado por Martín con micrófonos de gama baja y procesado después con el Logic Pro X, obteniendo un resultado atrayente y especial. Un álbum (y un tipo) a tener en cuenta.

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