Bajo la premisa del pop secretamente aristocrático, Peter Anne yNathalie Arbor afirman en el libreto de “Lahabitación de música” que registraron el álbum en un castillo de la CostaAzul portuguesa. Aunque si tiramos de bibliografía histórica podremos comprobarque dicha afirmación no deja de ser una simpática falacia. La autoría del largobrilla por su ausencia, pero no hay que ser un lumbreras para darse cuenta deque el dúo formado por Pedro Vigil (Edwin Moses) y Natalia Quintana (Nosoträsh)son quienes se esconden realmente detrás de estas piezas de elegancia pop, engrandes ocasiones, orquestada (“Canción de Clarissa”). Rememorándonos a LaBuena Vida o Niza, no tienen problema alguno en tirar del vocoder (en “9000”) ola bossanova (“Un Apple Fizz en México”) en unos medios tiempos ideados parahacer de las suyas en esas tardes de domingo introspectivas que, de vez encuando, son mano de santo. Aun con esas, “Luna” o el bonus track junto a LasEscarlatinas, “La premiada” (producida por Guille Milkyway), hacen de esteálbum un apetitoso caramelo de pop nostálgico con tintes cinematográficos.
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