Es curioso como el hecho diferencial vasco, tan polémico en el revuelto mundo de la política estatal, es incluso capaz de trasladarse al panorama musical con sorprendente facilidad.
Efectivamente: existe una manera de hacer rock a la vasca que provoca que, con sólo oír los primeros compases de una banda, sepas con certeza dónde localizar su origen. Eso es más o menos lo que pasa cuando escuchas por primera vez este trabajo editado por el sello cántabro Odio Sonoro. Sin saber absolutamente nada de los orígenes de los de Bilbo, unos cuantos segundos bastan para estar asociando las sonoridades que desprende este disco de debut con la de otros defensores del rock grueso como Kuraia, PiLT, Izaera o Lisabö. Una apreciación que posteriormente evoluciona hacia las sonoridades algo más en boga del post-metal, aportando así otros matices y una mayor progresión en sus formas, pero cuyos rabiosos temas despiertan el hambre de la complejidad y juegan, a la vez y con soltura, con la accesibilidad y el arrebato eléctrico. Una propuesta que les dejará muy buen sabor de boca.
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