Kakkmaddafakka cayeron en gracia en nuestro país, sobre todo a partir de la publicación de ese “Hest” (11) aún insuperado y con el que comenzaron a girar recurrentemente por estas latitudes. El indie-pop chispeante y bailable de los noruegos conectó con un público que de inmediato cogió cariño a un grupo, por entonces, simpático y algo alocado. Tal y como suele suceder con los subidones, la euforia ha ido disipándose para dar paso a la indiferencia, a pesar de que por el camino quedaran discos apetecibles como “Six Months Is A Long Time” (13) o “Hus” (17).
Sin embargo, cualquier atisbo de celebración podría verse definitivamente defenestrado con la publicación de este nuevo trabajo de los escandinavos. “Untitled” es un álbum plano, algo descolorido y, en definitiva, prescindible, que parece empeñado en mostrar una versión madura y más reflexiva de la formación… concretamente una que ni les ajusta, ni les favorece, ni parece demasiado apropiada para con su perfil artístico. Y lo que podría ser peor, se trata de una entrega privada de esas tonalidades que antaño realzaban las propias canciones con su intensidad. Solo “She Wants To Party” (con la colaboración de Glambek), “Taken” o la facilona pero pegadiza “Birdsong” quedarían como muestras solventes de cierta inspiración.
“Untitled” hace el octavo disco en la carrera de los buenos de Kakkmaddafakka, y muestra una versión domesticada y aburrida del combo, apuntando hacia una de esas trayectorias que podrían haber dado lo mejor de sí tiempo atrás. Haber repartido alegría durante algún tiempo no parece un logro menor, pero hoy en día cuesta encontrar un motivo para que destaquen entre la maraña de lanzamientos que nos inundan semana tras semana. Quizás sean capaces de redimirse con su próxima entrega o quizás su despunte tuviera fecha de caducidad y solo quede celebrar los buenos tiempos.
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