American Beauty 50Th Anniversary De Luxe Edition
Discos / Grateful Dead

American Beauty 50Th Anniversary De Luxe Edition

9 / 10
Xavier Llop — 27-11-2020
Empresa — Rhino
Género — Rock

Antes de 1970 Grateful Dead ya gozaban de una sólida y merecida reputación en lo que a intensidad de sus conciertos se refiere. Sin embargo, esa nube lisérgica que los envolvía y que se traducía en largas improvisaciones, no podía ser llevada al estudio sin perder gran parte de su magia por el camino. Resultado: los discos del grupo apenas se vendían, su discográfica empezaba a desconfiar de ellos y la viabilidad económica del proyecto estaba en entredicho.

Fue entonces cuando llegó un giro de guión inesperado y salvador. Con el sueño hippie desvaneciéndose tras el fiasco del Festival de Altamont, los Dead se habían mudado al campo y, paralelamente, estaban reorientado su música hacia el folk y el country, las armonías vocales al estilo de Crosby, Stills & Nash, un mayor peso de los instrumentos acústicos y unos arreglos influenciados por The Band. El fenomenal “Workingman’s Dead”, publicado en junio de ese 1970, fue el primer y contundente aviso de que el cuento había cambiado y habría Grateful Dead para rato.

Sólo cinco meses después, reincidieron con “American Beauty”, otra excepcional colección de canciones que, sin duda, podría haber formado un álbum doble con su predecesor. Reeditado ahora en versión de lujo (3 cd’s), este icónico trabajo vuelve a brillar con luz propia. Por un lado, por la atemporalidad de sus canciones, corroborada por la evidencia de que la mayoría de ellas formaron parte esencial del repertorio de la banda en sus directos durante décadas. Por otro, porque se ha añadido a esta reedición uno de los conciertos más emblemáticos de esa época, el del Capitol Theatre de Port Chester, NY, del 18 de febrero de 1971.

Vayamos por partes. El ahora remasterizado disco de estudio empezaba fuerte con la clásica “Box of Rain”, un medio tiempo en el que Phil Lesh asumía por primera vez responsabilidad como vocalista. El binomio Jerry Garcia – Robert Hunter, probablemente en el cénit de su compenetración e inspiración, aportó nada menos que seis cortes (“Friend of the Devil”, “Ripple”, “Brokedown Palace…) todos ellos referentes por méritos propios de la calidez que caracterizaba al sonido de la banda en esos momentos. Bob Weir, en cambio, vía “Sugar Magnolia” y contando con Hunter como letrista, dejó a un lado la cantidad para centrarse, con éxito, en la calidad. En cuanto al entrañable y siempre bluesero Pigpen, ya en proceso de aislamiento de sus compañeros como paso previo a su declive final, todavía estuvo a tiempo de aportar la pegadiza “Operator”. Por último, la eléctrica “Truckin’”, acreditada a Garcia, Lesh, Weir y Hunter al unísono, pone rúbrica de oro a un disco que, para muchos, es el más destacado de la discografía de los Dead.

En cuanto al concierto, lo primero a celebrar es la impecable calidad del sonido, a diferencia de lo que sucede a menudo en este tipo de reediciones, en las que se aprovecha para dar salida como relleno a restos de catálogo no presentables por sí mismos. Dicho esto, cabe destacar también que el set list ejemplifica a la perfección la evolución que experimentaban Garcia y compañía en ese momento clave de su trayectoria. Todavía con el batería Mickey Hart en la alineación (se borraría de ella ese mismo día y hasta tres años y medio después), encontramos aquí una brillante reivindicación de su pasado, su presente y su futuro.

Su pasado, por ejemplo, al dejar que Pigpen agarre el timón para versionar el “Big Boss Man” de su amado Jimmy Reed. También, al rememorar su periodo más intensamente psicodélico con la fusión de “Dark Star” y la novedosa “Wharf Rat”. Su presente, por la generosa inclusión de temas procedentes de “Workingman’s Dead” y “American Beauty” -como “Truckin’”, “Candyman” o “Uncle John’s Band”– así como por llevar a su terreno, entre otras versiones, el “Hard to Handle” de Otis Redding (que aquí sobrepasa los nueve minutos) o la tradicional “Goin’ Down the Road Feeling Bad”. Y su futuro, porque en este concierto hicieron debutar hasta cinco nuevas composiciones -algunas tan relevantes como “Bertha” o “Playing in the Band”- dando así pistas infalibles de por dónde iban a seguir avanzando en su extraño y largo viaje.

En definitiva, estamos ante una excelente combinación de lo mejor de Grateful Dead en estudio y en directo. Sin desmerecer, por supuesto, otras gestas que la banda californiana ha alcanzado antes o después del periodo 1970-1971, estos eran unos Dead en un estado de gracia indiscutible.

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