El segundo capítulo en la trayectoria del proyecto de Atoine Bédard ha elevado su propuesta de forma cualitativa.
El canadiense ha orquestado, con la inestimable colaboración de un plantel de cameos sonoros de excepción (las voces de Anthony Gonzales de M83, Owen Pallett de Final Fantasy o Amy Millan de Stars, entre otros, aportan su granito de arena sin desvirtuar el espíritu global del disco), un tratado sobre cómo facturar pop electrónico casero contemporáneo, sin cansinos ombliguismos ni estériles negaciones del pasado. ¿Y por qué? Pues porque los clicks’n’cuts de “Best Boy Electric” o “No One Else”, sin esconder su fresca ortografía, tampoco ocultan su devoción por un synth pop que podrían haber firmado los primeros Depeche Mode, los de Vince Clarke. O porque los vapores coloristas que alberga el tuétano de “Mechanical Kids” entroncan, con suma habilidad, con la pléyade de nuevos adoradores de los Beach Boys más barrocos. O porque sumergirse en los vericuetos melódicos e instrumentales de “Softness, I Forgot Your Name” es como volver a dejarse llevar por los mejores High Llamas. O, sencillamente, porque ha ganado por la mano a Dntel en su propio terreno. En suma, un disco para escuchar a todo volumen y con las luces apagadas, sin perder detalle alguno.
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