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el petit de cal eril

Cuando Joan Pons canta ataviado con esa frecuencia baja que se funde en todos los oídos atentos: “Lo que canto no tiene ningún sentido si tú no me escuchas, si tú no estás conmigo” en “Sento”, el primer single de “Energia fosca”, al hacerlo traza una perfecta alianza de intimidad con su oyente. Una invitación que refuerza lazos y aborda con seducción y promesa. Efluvios de puro almíbar sónico que conquista lenta y pausadamente. A la vieja usanza, repleto de sonidos ecológicos, limpios de artificio, que resplandecen en esa primavera que engulle corazones alterados.

El Petit de Cal Eril siguen en su cruzada para exprimir todo el amor posible de las frecuencias sonoras. Afinan el silencio y la harmonía y los funden en un abrazo suave y esponjoso. Trabajan con precisión cada molécula sonora. Prestan atención al detalle. Solo así consiguen que cada parte de cada canción brille por sí sola y a la vez forme parte de un todo. Una celebración de pura soberanía holística. Un caldo que encuentra la plenitud de su sabor con el bajo de Dani Comas que conduce las canciones con juguetona y plástica gravedad y teje una red capaz de sostener la voz de Joan, cómoda en el susurro, como una suave brisa pop.

La primera cara del disco rebusca en las sombras de “Triangle”, su anterior obra, y sigue dotando de protagonismo a los teclados de Artur que se responsabilizan de gran parte de los arreglos. Son sonidos que viajan desde la periferia al núcleo hasta encontrar el pulso adecuado. Composiciones que crecen en forma de espiral despojadas de estribillo. No por eso ausentes de gancho, capaces de conquistar al oyente tanto por lo que dicen como por lo que no. Otro mundo diferente aparece en la cara B. Allí se abren disonantes hitos sonoros, se templan las melodías y se exageran las texturas musicales que enhebran etéreas luminiscencias sónicas. Parece como si la cara A lanzara preguntas y la B respondiese que las respuestas son lo de menos. Un dialogo entre hemisferios, un juego entro lo masculino y lo femenino, entra la lógica y la intuición. Y en el centro está Joan, para canalizar su arte como un solaz médium musical que reparte belleza en dosis sutiles.

“Energia fosca” es un disco corto, sintético y lunar. Que extiende el discurso creativo de Joan Pons y lo ayuda a viajar hacia algún lugar un poquito más lejos. Canciones que insisten en que es el proceso lo realmente importante. En que uno hace camino al andar. Y cuando el tema que da título al disco, se lanza hacia el final, si es que alguna vez hubo alguno, se evapora con el verso mántrico: energía oscura, tu tienes la luz de todas las cosas. Un epitafio que aluniza donde la errática materia pop se atreve a conquistar el enigma de lo inmaterial.

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