Si ha
habido un campo en el que el rap nacional ha evolucionado en la última década,
hasta el punto que nuestros artistas pueden mirar a los ojos a cualquiera que
ande ahí fuera, ese es la producción. El acceso a cacharros de cada vez más
sofisticados y a los añejos con los que antes sólo se podían tener
inalcanzables sueños húmedos ha supuesto un auténtico cambio de paradigma, sin
obviar la influencia que han ejercido beatmakers
como Griffi, Cookin’ Soul o el mismo R de Rumba que a lo largo de su propio
proceso de aprendizaje han ido situando el listón de cada vez más alto. Por eso
no es de extrañar que los que se dedican a hacer tracks sean cada vez más ambiciosos y reclamen para sí un pedacito
del protagonismo y prestigio que suele recaer sobre los hombros de los MC. Se
lo merecen. Digamos que si el hip hop nacional ha llegado hasta aquí ha sido
gracias a su afán de superación, a su obstinada evolución. Por eso discos como “Barna Files” de Titó, “Strictly Jabugo” de Griffi y este “De vuelta al estudio” son importantes,
además de por ir más allá del simple ejercicio de rescatar Descartes, por ser
la prueba de que el noble arte de la mixtape
va abriéndose mercado al fin en España. Al fin y al cabo, es un formato
perfecto para atreverse, lanzarse, autoretratarse. A eso se dedican aquí Xhelaz
y R de Rumba, dream team maño.
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