Pero después de un razonable número de escuchas y habida cuenta de la devoción –e indulgencia- con que los fans suelen tratar a los de Basildon, cuesta creer que, con el material elegido, el autor de “Enjoy The Silence” o “Strangelove”, haya sido incapaz de transmitir a estas relecturas algo del genio que se le presupone. Justito de voz como va, parece mentira que intente rehacer “Loverman” (Nick Cave) prescindiendo de las vísceras o que extirpe cualquier posibilidad de ensoñación a un “In My Other World” al que la garganta de Julee Cruise colmaba de belleza. “Lost In The Stars” de Kurt Weill y su respetuoso acercamiento al “Tiny Girls” de Iggy Pop alegran levemente la escucha, y la chispa llega, tarde ya, en el último corte, gracias al lirismo que supuraba, treinta y cinco años ha, “Candy Says” (The Velvet Underground). No es mérito suyo, porque incluso en el mejor momento del disco, la sensación de abulia permanece. Mejor obviarlo.
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