En una industria obcecada con la “frescura” (es decir, juventud) de las voces, en especial, y por sorpresa de nadie, femeninas, apetece mucho y se siente casi como un acto revolucionario escuchar lo que tiene que decir una mujer más madura y curtida como Cleo Sol, que empieza su quinto disco, “Gentlewoman”, diciéndose “Finally, I’m looking out for me” y cierra con “Gentle woman, I hear you. We are making it through”.
La artista británica, nacida en Ladbroke Grove (West London), Cleopatra Zvezdana Nikolic, debutó con el aclamadísimo colectivo Sault y poco después empezó a sacar discos en solitario a diestro y siniestro, con un tempo mucho más pausado que el de Sault y letras más personales y confesionales. “Gentlewoman” parece ser una continuación directa de “Mother” (21) con el tono un poco más oscuro de “Gold” (23).
Empieza con “Only Look To You”, una balada en la que nos revela que está cansada de querer ayudar a todo el mundo y ahora se prioriza. Esto lo desarrolla a lo largo de sesenta y seis minutos, veinte canciones, de la mano de Forever Living Originals y con Inflo (Dean Josiah Cover), su pareja artística, como productor. Después de cuatro álbumes en los que mostraba seguridad, ahora se presenta más vulnerable y nos invita a ver puertas adentro, desglosando todas las batallas internas de los últimos años. Nos cuenta que ha aprendido a perdonar, sin olvidar, para poder estar bien. Y lo hace con un álbum que, sin salirse del todo del neo-soul, combina momentos más acústicos e íntimos con momentos más góspel con varios coristas y una enorme variedad instrumental.
“Sweet Things” empieza con el bajo de Inflo, el arpa de Camila Pay, las cuerdas bajo el control de David Campbell y un coro dirigido por John McGough. Le dice a alguien “You bring out the God in me”. Es una canción bonita, sin duda, pero la instrumentación es tanta que le da un punto redundante al mensaje. Temas como “Force of Love”, con la guitarra de Rick Nowels, o “Sentimental Love”, con un toque más bossa nova, tienen más rollo. En general, las letras son bastante simples y no destacan por su lirismo, y aunque es algo a valorar que la londinense escriba sus propias letras, está claro que tiene mucho más de cantante que de storyteller. Con eso no quiero decir que las letras no sean buenas, pero el resto de los ingredientes del cóctel, la producción, el resto de los instrumentos y su voz están a un nivel tan alto que se pone más en evidencia cuando las letras son un poco más de garrafón.
“Gentlewoman” funciona muchísimo mejor cuando los músicos saben cómo y cuándo apartarse del foco y dejar de sonar tan bonito para sonar más concreto, dándole espacio a la vocalista para hacer lo que mejor hace, que es contarnos las cosas que le duelen con una precisión vocal y emocional que le ha dado el lugar que tiene en la escena. “Family Ties”, “Honest Talk”, “Let Me Cry” y “Their Smiles Are Not The Same” logran este equilibrio entre instrumentación y mensaje que, sumados a la suavidad de la mezzosoprano, rozan la excelencia. “Let Me Cry” brilla especialmente porque dibuja una escena muy específica y cotidiana como es el llegar a casa abatida y no querer hacer nada más que llorar, y en “Honest Talk” cuenta que, si alguien se iba a ir, se iba a ir independientemente de lo que hicieses.
“Family Ties” y “Their Smiles Are Not The Same” son, sin duda, las dos mejores canciones del álbum. En “Family Ties”, Sol deja de ser la narradora para ser la protagonista de la historia que cuenta. Deja claro que ha cortado completamente la relación con su madre, tras ya haber expuesto en “Mother” las palabras afiladas y la falta de madurez de su madre, como se puede apreciar en la canción “23”. En esta poderosa balada de soul se explica que, aunque la herencia familiar es muy influyente en una persona, no es una maldición, sino algo que se puede romper, por muy doloroso que sea y aunque lo haya tenido que hacer sola. “Their Smiles Are Not The Same” habla de las traiciones y de no cumplir con las expectativas de los demás, pero lo más interesante pasa a partir del 1:07, momento en el que ella parece entrar en uno de estos trances tan característicos del soul y del góspel que se traduce en el punto de mayor tensión dramática y virtuosismo vocal de todo el proyecto. La voz de Sol demuestra lo que se puede hacer con tres octavas de rango y llega a unos agudos espectaculares con tintes operísticos. Hay que escucharla.
Sin duda, Cleo Sol ya tiene su reconocimiento y su posición asegurada en el ecosistema musical actual, no necesita cazar a nuevos oyentes. Y en este trabajo se puede ver un ejercicio de honestidad y pura pasión en forma de un álbum que quizá tiene una duración excesiva y no te va a sacar una bassface, pero que dice verdades como puños y está hecho con una sensibilidad tremenda.
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