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Llueva, nieve o se derritan los casquetes polares, Shaun Ryder jamás va a volver a recuperar la forma física y sobre todo mental de los tiempos de Madchester y el boom de la cultura de clubes de finales de los ochenta. Él y algunos de los suyos (Bez siempre estará ahí) mantienen el tipo en “Uncle Dysfunktional” (2007), pero todos ellos son conscientes de que jamás volverán a alcanzar el estado de gracia de sus dos obras cumbre, “Bummed” (1988) y sobre todo “Pills, Thrills And Bellyaches” (1990), álbumes fundamentales para entender lo que fueron los años de The Hacienda, las primeras raves, las drogas de diseño o cualquier otra cosa que descubrirán en la archiconocida película de Winterbottom.

Ryder y sus muchachos venían del pop psicodélico del personal, aunque sólo correcto, “Squirrel & G-Man Twenty Four Hour Party People Plastic Face Carnt Smile” (1987), pero en el camino hacia su siguiente obra descubrieron las pastillas. Su mundo cambió y, pese a que mantuvieron sus referentes (y rindieron tributo a algunos como John Kongos en la fundamental “Step On”), la fiesta, el baile, Ibiza, Paul Oakenfold y los ojos en blanco marcaron su futuro. “Bummed” y sobre todo el single “Wrote For Luck” (con su correspondiente clip, más evidente imposible) dejaron claro que a Happy Mondays les gustaban más las pills que a un niño el algodón de azúcar. Algo había cambiado, sin duda a mejor. A partir de ahí, remezclas de los singles, extended versions, ese pedazo de himno que es “Hallelujah” (todo ello en el compacto extra de esta edición Deluxe) y la gloria en la tierra. Y mientras todo el mundo pensaba que las drogas iban a achicharrarles las neuronas (de hecho lo hicieron), ellos trabajaban en la que acabaría siendo su gran obra maestra: el alucinado y bailable “Pills, Thrills And Bellyaches”, uno de esos discos que marcaron una época y que cambiaron el mundo durante los cinco minutos previos al despegue del grunge y el rock alternativo.

Era el inicio de la rave culture británica. No fueron los únicos, pero sin ellos nada hubiera sido lo mismo. Por suerte, las grandes canciones que firmaron entonces (desde “Loose Fit” a “Donovan”, pasando por “Kinky Afro” o “Grandbag’s Funeral”) continúan manteniendo el tipo y describiendo un momento con todo lujo de detalles (si a eso le sumamos un repaso a todos los clips que aparecen en el DVD extra, apenas quedan dudas). Los noventa, con apenas unos tres o cuatro meses de vida, ya contaban con uno de sus discos imprescindibles.

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