Las notas interiores arrancan con una sentencia que suena a justificación: “Puede que nunca hayan escalado a las vertiginosas alturas de ventas de algunos de sus contemporáneos, pero…”.
The Slits, Pigbag, Au Pairs y tantos otros se partirían la caja ante esa insinuación. Porque no, pasta no fue precisamente lo que hicieron los avanzados del post-punk, recuperados hoy por obra y gracia del éxito de LCD, Rapture y compañía. En realidad el problema de Romeo Void es otro: llegaron en el furgón de cola con un primer disco publicado en 1981, surgieron en una ciudad -San Francisco- en la que bandas como Chrome y Tuxedomoon eclipsaron (por fortuna) todo intento por mimetizar la nueva ola británica y, lo más importante de todo, aunque cuentan con una colección de canciones en las que se cuelan efectivas bases funk y vistosos vientos, con Debora Iyall al frente como una Poly Stirene menos corajuda, el conjunto de su discografía se convierte en un deja vu que poco aporta para los que no sean auténticos maniacos del género. Para ellos se pone en circulación este doble compacto con su segundo y tercer disco, publicados originalmente en Columbia. Eso sí, casi se convierten en unos one hit wonders con el single “Never Say Never”.
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