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Bailando hacia el desastre

Las batallas entorno al sentimiento amoroso vuelven a emerger en un primer plano en las canciones de Rusos Blancos, dejando constancia de su gran capacidad para transformar historias de corte íntimo en auténticas piezas pop repletas de ingenio. Si en “Museo del Romanticismo (I*M Records, 2016) fueron capaces de reflejar los entresijos de las relaciones esporádicas, en esta nueva entrega van más allá para ofrecer una visión de los asuntos del corazón más afectada por la angustia del paso de los años. Esto no implica que los temas se sumerjan en un estado de ánimo apesadumbrado, sino que lo reluciente de su capa sintética toma un protagonismo destacado para hacer precisamente gala del título del disco.

Todo esto se acaba traduciendo en un perfecto balance entre los arreglos de cuerda que aportan el tono más sereno al trabajo, junto a esos momentos donde la euforia por compartir estados de ánimo, bien sean positivos o negativos, sobresale sobremanera como bien ocurre en la canción que da título al disco. Sin embargo la principal novedad llega con esa buena combinación entre unas letras que apuntan hacia un lado más reflexivo sobre lo que implican las aventuras amorosas y la contraposición de no perder un ritmo de vida de lo más ajetreado.

A pesar de que algunas de las canciones se asomen al abismo de la crisis adulta, los paliativos musicales en forma de pequeñas melodías techno de Javier Carrasco cumplen su parte a la perfección, intentando sumergirlo todo en un ambiente más despreocupado. A esto tenemos que unir un tono narrativo que aflora en la recta final, logrando estampas cuyo particular romanticismo las convierte totalmente en pintorescas hasta alcanzar una moderada sonrisa. Buena muestra de ello la encontramos en “Primero de Mayo”, logrando unir en una canción el compromiso político y el inicio de una bonita relación, todo ello con detalles de lo más ocurrentes.

Debido a temas como estos, la enciclopedia de historietas amorosas de Rusos Blancos se ve más que reforzada en todas sus líneas, intentando no perder en ningún momento la naturalidad y sencillez de su contenido que bien se puede asemejar a lo más parecido a los versos de un trovador emplazado en pleno siglo XXII. Esta tarea en realidad se presuponía en un principio de lo más difícil a juzgar por la trayectoria de la banda, más aún si tenemos en cuenta al menos tres de las cuatro canciones de su anterior EP “Algo nuevo, algo viejo, algo prestado” (I*M Records, 2017). Por todo ello, a estas alturas lo único que podemos hacer es involucrarnos de lleno con la causa e intentar identificarnos con alguno de los múltiples capítulos amorosos que nos presentan.

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