En general, la crítica inglesa y los electrokids (y no tan kids) locales abominan de este disco. Lógico, no pueden entenderlo. Dar este compacto a un fan o crítico electrónico es como regalar un palo de golf al Capitán Garfio. Jamás va a encontrar los referentes donde los buscará y su opinión se resentirá de la comparación acomodaticia con la tendencia electrónica en boga. Simplemente porque es otra cosa.
Costó, por inesperado, pero caí: es una impensable revisión techno de los sesenta garage (el de verdad, el rock). Si Rocky Erickson, King Khan o los Rock-A-Hulas entendieran de máquinas, firmarían “Tuff It Out”, “Sexualized” o “B-Real”, melodías garajeras de manual donde los sintetizadores baratos toman el papel del mismísimo Farfisa y no faltan ni los coros yeah-yeah-yeah-yeah (cuatro, nada que ver con el yé-yé popero). Una de las vídeo-tracks lo reconfirma: cantante disfrazado de esqueleto, puro tópico garajero. El resto, rock tecnificado sucio y grosero, de baile simplista, sudoroso y cerdo y pocos gimmicks (si de paso se hubieran cargado los sonrojantes disparos de “Billy Jack”, mejor). Peculiar y controvertida apuesta. Ah, son Jarvis Cocker y Richard Hawley, y supongo que sin la marca Pulp como armadura debe ser cool darles caña...
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.