Acerca de los actuales The Hellacopters se abre una ventana a teorías que pondrían a algunos de acuerdo y a otros, en completo desacuerdo. Un debate que, eso sí, parte desde el respeto a una banda que ha dejado una huella imborrable. Con esto aclarado, la nueva versión de los suecos es distinta a la que conocimos antes de su despedida. Obviamente, la ausencia de Strings marca este nuevo decorado. Un recorrido que no sabemos a dónde apuntará de aquí en adelante. Algo que, por lo visto sobre el escenario de la Razzmatazz de Barcelona, creo que  les importa. Esto ya no se va a quedar en un hola simpático y un adiós prematuro, porque lo que empezó como un homenaje a sus orígenes, ha derivado en un acto global en que la figura de Dregen explica en gran medida los Hellacopters que vivimos ahora. Si en el celebrado retorno del guitarrista discutíamos si su protagonismo era demasiado presente, en cierto modo parece que ha tomado nota (en Backyard Babies sí es protagonista absoluto). Sabe que si está más comedido, ayuda a que la banda esté mucho más cohesionada. De hecho, desde la calma toca mejor, acierta en cada nota y eso no deja de ser todo un apunte en positivo.

Si en su retorno, con la recreación de “Supershitty to the max!”, sonaban atropellados y sin química, ahora han bajado las revoluciones. Sí, es evidente que se han hecho mayores, pero nosotros, su fiel público, también. Sin embargo, esto nos lleva a gozar de un grupo que supera en treinta minutos la duración media de sus conciertos y que  nos conduce por un tobogán con curvas y desafíos. Con un repertorio abierto a todo, empiezan con “Hopeless case of a kind in denial”, sacuden el árbol de la nostalgia con “You´re nothing” y que además se acuerden de “The devil stole the beat from the lord” de “Grande rock” es una buena noticia. Dos de sus piezas icónicas, “Toys and flavors” y “By the grace of god” motivan el desenfreno, las sonrisas y  también la certeza de que, a pesar del paso del tiempo, somos unos afortunados por vivir este y aquellos momentos. Una ceremonia en perfecta harmonía.