A pesar de que el cambio de formación -y de nombre con la inclusión de la coletilla “Vox”- se concretase hace tiempo (ambos llegaron con la reaparición del grupo en 2008), lo cierto es que asistir a un concierto actual de The Chameleons –grupo seminal del post-punk británico en los ochenta– genera inevitables dudas y perspicacias. Más aún cuando hace poco más de un mes fallecía el batería John Lever, hasta entonces único miembro clásico de la formación junto al vocalista/bajista Mark Burgess.

Había, por tanto, algunas incógnitas en forma de escepticismo ante esta nueva y generosa gira de los mancunianos por nuestro país. Sin embargo, en su fecha de Valladolid, el cuarteto tardó poco en disipar unas dudas que al final de la velada habían quedado reducidas a injustificado temor. Porque resulta que el propio Burgess mantiene intacta la fuerza y autenticidad de su interpretación, y ha sabido rodearse de una excelente banda capaz de tejer y soportar toda la densidad artística de su obra. La formación firmó un gran concierto, levantado en base a los componentes habituales del género, con generoso volumen y una potente interpretación (gruesas líneas de bajo incluidas) dando lugar a atmósferas asfixiantes y ambientes oscuros. Noventa minutos de nervio e intensidad ininterrumpida, con pocas concesiones fuera de sus parámetros habituales y liderados por un cantante sobrio, coherente y poco comunicativo. Fue el triunfo ejecutado ante una centena de aficionados, en su mayoría pertenecientes a la vieja guardia y completamente entregados a temas como “Second Skin”, “Pleasure And Pain”, “Monkeyland”, “Soul In Insolation”, “Denims And Curls” o “In Answer”.

Puede que no sean los originales, pero The Chameleons Vox son una continuación digna del proyecto que sigue presumiendo de contundencia. Mark Burgess ha sido prolongar su expresión artística sobre los escenarios, manteniendo la credibilidad de su persona pero también la esencia de sus canciones con respeto y emoción. Y, quizá lo más importante de todo, el tipo sigue destilando una rabia y un realismo que hacen se aleje diametralmente de esa caricatura irritante que bien podría haber sido esta segunda parte.