El destino quiso que (prácticamente) justo un año después de su anterior visita, The Chameleons Vox volviesen a pisar la vallisoletana sala Porta Caeli, en esta ocasión para acometer de manera íntegra “Strange Times” (Geffen, 86), el que fuese tercer disco de los mancunianos. Ya el año pasado, el grupo liderado por el vocalista y bajista Mark Burgess disipó cualquier suspicacia con un concierto sincero, musculoso y que confirmaba que el músico estaba haciendo las cosas bien en esta versión 2.0 de su proyecto. Porque a priori éste podría ser el típico caso de grupo remendado del que desconfiar, ya que su líder es el único miembro de la formación original que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Sin embargo, en los últimos años Burgess se ha ganado la confianza del público a base de constancia y frecuentes visitas a los escenarios españoles, con las que apuntalar una honestidad escénica necesaria para alcanzar el objetivo. Un logro que no es otro que disfrutar con el legado –aquél dejado por los tres primeros discos del grupo– de una de las bandas seminales de ese post-punk oscuro surgido en Reino Unido a principios de los ochenta. La presencia de un teclista lucía como principal novedad con respecto a aquel cuarteto que visitó la capital pucelana doce meses atrás, y el grupo volvió a firmar un concierto con la inequívoca marca de la casa: atmósferas asfixiantes, guitarras metalizadas, gruesas líneas de bajo y una narrativa desesperanzada y con frecuencia distópica. Todo bien tocado, pero alejado de un virtuosismo innecesario y que no puede competir en protagonismo con una ineludible visceralidad ejecutiva que vale su peso en oro. Después de desgranar el mencionado álbum con paradas destacadas en temas como “Tears”, “Swamp Thing”, “Time”, “Soul in Isolation” o “Childhood” y, para disfrute del centenar de asistentes (en su mayoría de la vieja guardia), el grupo completó su actuación con clásicos como “Second Skin” o “Monkeyland”, además de acertadas versiones del “Tomorrow Never Knows” de The Beatles y, como fin de fiesta, una “Ever Fallen in Love (With Someone You Shouldn’t’ve)” de Buzzcocks (según el propio Mark, su grupo favorito de Manchester).

En la primera fecha de una gira que contará con un total de cinco paradas, The Chameleons Vox convencieron tras generar una generoso nivel de intensidad que se mantendría inmutable (cuando no creciente) con el paso de los minutos, hasta sumar un total de noventa. Y lo lograron en base a un discurso menos popular que el de grupos afines como Joy Division, The Fall o los primeros The Cure, pero que en su momento resultó imprescindible para definir el perfil de un género del que, no lo olvidemos, Mark Burgess fue pionero. Poca broma.