Música, política y ¡que viva la rápida revolución!
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Música, política y ¡que viva la rápida revolución!

8 / 10
Pepa Ferreiro — 16-04-2018
Empresa — Jimmy Jazz / HFMN
Fecha — 13 abril, 2018
Sala — Jimmy Jazz Gasteiz, Vitoria-Gasteiz
Fotógrafo — Music Snapper

En la penumbra de la Jimmy Jazz de Gasteiz, se oyen melodías anarcosindicalistas:

«Negras tormentas agitan los aires
nubes oscuras nos impiden ver,
aunque nos espere el dolor y la muerte,
contra el enemigo nos llama el deber…»

El himno de la CNT “A las Barricadas” recibe a los integrantes de la banda barcelonesa Ebri Knight cuarenta minutos después de la apertura de puertas de la sala. La atención del público era fervorosa y cuando terminó el audio, golpe de luces y el tema “Carnaval” del nuevo álbum abrió el bolo. Este grupo barcelonés está presentando su cuarto disco “Guerrilla” (Maldito Records 2018) que mezcla folk y punk con melodías bélicas, contenido antifascista y de lucha por unos ideales políticos y sociales que movilizaron a la sala por un sentimiento común. -Al fascismo no se le contesta, ¡se le combate!- clamó la voz principal de Arnau Aymerich, y el público se volvió loco.

Uno de los factores más llamativos de los dos conciertos del viernes fue el target considerablemente joven y adolescente que abarrotó la sala (con sus excepciones). Fue una especie de deja vu constante a los festivales de rock de este país y eso fue lo que dio caña al conjunto. Sin la energía de aquellas personas, el bolo no hubiera sido igual. Cuando tocaron cuatro o cinco temas, empezó a gestarse lo que fue una constante en ambos conciertos: el pogo. Los Wall of dead se sucedían uno detrás de otro y tanto ellas como ellos se metieron a empujar y hacer el bestia. En todo momento ellas estuvieron al frente, en primera línea de batalla. El grupo tiró del recurso de agachar al público para coger más caña en las melodías bruscas y les salió bastante bien. Destaco positivamente la iluminación y el juego de luces que engrandecieron la técnica y el contenido de los temas.

Sonaron cortes de anteriores discos como “Conte Medieval” y “Campesino” y el espíritu hooligan invadió a los allí presentes. Los mensajes políticos que decía Arnau estremecían y calentaban al público: «(…) No son solo los prisioneros del gobierno catalán, es la dispersión, son los chavales de Alsasua y son los miles y miles de casos de tortura…». El mensajero tuvo que dejar de hablar para dar voz a los gritos de «Etxera euskal presoak!» mientras el público sacaba la bandera blanca con el lema y la banda levantaba el puño. Otra bandera catalana apareció y se creó un instante muy profundo. Entonces sonaron los versos de Miguel Hernández en “Vientos del pueblo” y la gente coreó al unísono todas y cada una de las estrofas. El último tema fue “Viurem lliures” y el frontman sacó una mandolina que no se escuchó mucho pero no por esto vamos a fastidiar el que fue un gran concierto.

Los Talco salieron a probar disfrazados de dinosaurios amarillos fosforito y lunares rojos para que el público no se enterara de que eran ellos (léase la ironía por favor) y al verles, el nerviosismo volvió a la sala. La audiencia aumentó considerablemente de un concierto a otro. El aforo de la Jimmy Jazz es de 600 personas y por las que había allí el viernes, se podría haber rozado el límite, sin problemas.

El grupo apareció de nuevo con sus ropajes normales y empezaron a meter caña desde el segundo 0. Llevan 14 años sobre los escenarios y ahora están presentando su séptimo y nuevo disco “And the winner isn’t” (Punkchanka Records, 2018). La velocidad del bolo fue tal que los cortes los pillaba al vuelo y tenía que estar atenta a que no se me pasara ninguno. Empezaron con “Onda Inmobile” del nuevo disco y sonaron clásicos como  “La Parabola dei Battagghi” o la dedicada a Maradona “Mano de Dios”. El público actuaba como una masa autónoma que se movía de un lado a otro. Uno de los momentos más entrañables fue cuando entonaron el archiconocido canto partisano italiano “Bella Ciao” que también tocan grupos referentes del género como Banda Basotti, Mano Negra o Gogol Bordello.

No había tregua ni descanso, un tema tras otro sin respirar. El público respondió pero había “personas normales” como Bea, que comentó específicamente: «¿Por qué no paran para echarnos una cerve o un cigarrito?». Hubo momento estelar cuando un chico de unos 100 kg o más se subió al escenario y de espaldas se tiró a un público que le sujetó sin pestañear. Los efectos del ska folk punk de los Talco son arrolladores.

La iluminación de este concierto fue mucho más oscura y menos currada pero lo que importaba era la velocidad y la calidad musical. Dema, el vocalista y guitarra, interactuaba poco con el público al lado de la actividad de sus compañeros. Ketto, el bajista, era independiente, él iba a su rollo y su cara demostraba un contacto total con la música. O eso parecía. La batería de Nick estaba bastante alta, no falló ni descolocó pero si se ecualizara un poco más en la mesa de sonido, el resultado sería más homogéneo. Sonó la “Danza dell’autunno rosa” y los brazos se elevaron aunque la gente que se encontraba en la planta superior demostraron ser el público más aburrido del planeta. No se movieron en ninguno de los dos conciertos.

La recta final se anunció después de “Domingo Road” incluido en su nuevo disco para pasar a clásicos como “La Torre”, «Beste bat» abrumador y terminaron con “Gran Galà”. El clímax fue tan gordo que se escuchaba al público armonizando las canciones de la banda. Una pasada. Cuando pusieron la música de la sala, el grupo se quedó encima del escenario varios minutos, y repartieron botellas de agua por el público. El merchan en la puerta con los Ebri Knight hablando y fotografiándose con sus fans. La longitud de la cola del guardarropas daba un poco de miedo así que la puerta de la calle se hizo más apetecible. El del viernes fue un concierto para quemar penas y conciencias con música de calidad. Fue un gran bolo el de la Jimmy Jazz.

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