Peter Kember – aka Sonic Boom (foto encabezado e inferior)- ofreció un concierto absolutamente delicioso en mi opinión. Lo digo, así de entrada, sin más preámbulos ni rodeos, porque la sensación de plena y sanadora satisfacción y la sonrisa dulce y un pelín extática con la que salí de Dabadaba es lo primero y lo más importante que me gustaría transmitir en esta crónica. Especialmente al tratarse de un personaje, cuya leyenda de excesos químicos y comportamiento un tanto errático podía generar ciertas (razonables) dudas en cuanto a la validez del espectáculo que podría ofrecernos.

Vaya por delante que soy muy fan de Spacemen 3 y que han sido uno de los grupos clave en mi vida y en mi percepción de la música en general. Ellos me abrieron los ojos (y los oídos) a la repetición como método de creación y de estímulo de estados mentales, a la escucha paciente, al concepto del drone y a las posibilidades de expandir el rock de guitarras a través de la electrónica hasta el infinito. Ellos y muchos otros, por supuesto, pero Sonic Boom y Jason Spaceman tienen un hueco especial en mi corazón por ser los primeros y por el impacto brutal que ejercieron sobre mí.

Jamás los vi en directo, y sólo había tenido, hasta ayer, una ocasión de ver a Jason al frente de Spiritualized para paliar esa dolorosa falta. Llegué por tanto con una mezcla de deseo, de excitación nostálgica y de escepticismo veterano a las puertas del Dabadaba, para encontrarme de reojo con el propio Peter, con un aspecto físico especialmente saludable y hasta bronceado que de entrada, me confundió aún más. Afortunadamente, era un fiel presagio del fantástico concierto que nos regaló minutos después.

Con el único apoyo puntual de Jason Holt, Sonic Boom abrió con “Transparent Radiation” en clave guitarrera desnuda, austera, casi me atrevería a decir que un poco tosca pero que se tornó inmediatamente hipnótica (apoyada en unos visuales vintage sencillos pero muy efectivos) para adentrarnos en un trance, en crescendo de intensidad, de color y de aportaciones electrónicas que derivaron en una especie de rave celestial con “Big City”, que no abandonamos hasta la última nota (y probablemente más allá).

Telonearon Celica XX (foto inferior), pero no me fue posible asistir por completo a un set que cerraron con gran intensidad, supongo que espoleados por lo especial de la ocasión, que no terminaba de encajar o enganchar a un público aún perezoso, pero no puedo juzgarlo en conjunto, por lo que esperaremos a una ocasión más propicia para ello.