«¡Es viernes con ‘V’ de ‘verbena’!», clamó Ángela Álvarez nada más saltar a la arena. «¡Y con ‘V’ de ‘violeta!’», pudo haber añadido, pues en el arranque del fin de semana las mujeres se erigieron en mayoría absoluta dentro y fuera del escenario. El Dabadaba acogió la primera edición del She Rocks Fest, urdido por las promotoras Nordika y Get In para dar “visibilidad” a las bandas formadas principalmente por chicas. Faltó poco para el lleno total.

Abrieron fuego las autoproclamadas «embajadoras del neopunk charro», Estrogenuinas (foto inferior), trío salmantino que tiró de guitarrazos, coros rabiosos y letras desternillantes como esa ‘Orgía en casa de los Buendía’ en la que cantan «En Macondo todo el mundo está cachondo». Lástima que aún no había demasiado público y que el que había, era demasiado tímido/donostiarra: tuvieron que ser las chicas de rojo de Mourn, que actuarían al cabo de un rato, las que se situaron al pie de escenario para bailar temas como ‘Roller Girl’, ‘Islas Caimanes’, ‘Miss Ántropa’ y ‘Gentrificación’. ‘Nietzsche es mi fetiche’ cerró la tonificante ración de ‘chirll-out’, estilo que Elena Nieto, Ángela y su hermana Carolina Álvarez definieron gráficamente: «Consiste en hacer básicamente lo que nos sale de la chirla».

Cuando faltaban sólo unos minutos para su entrada en escena, las compañeras de Melenas (foto inferior) llegaron a la carrera, sin resuello y con los instrumentos a cuestas. Tuvieron que probar el sonido en 0,2 segundos y, sin pensárselo demasiado, Oihana, Leire, María y Lauri se pusieron manos a la obra. Su mezcla de pop, psicodelia y garaje es bien conocida por estos pagos porque aunque proceden de la incandescente escena pamplonesa, en el Dabadaba se sienten «como en casa», pues fue el sello de la sala de Egia, Elsa Records, el que editó su chispeante debut de 2017. El ‘reverb’, el ‘fuzz’ y los sugerentes pasajes de teclado se aliaron con melodías amorosas, unas veces más calmadas y otras más nerviosas, como ‘¿Dónde estás?’, ‘Volaremos’, ‘Alfajarín’, ‘Una voz’ o ‘Cartel de neón’. También presentaron una prometedora canción inédita que tal vez incluyan en futuros trabajos.

Mourn (foto inferior), la única banda de la noche con presencia masculina –el batería–, irrumpió a machamartillo o, más bien, a bombo y platillo, pues sus integrantes comenzaron aporreando los tambores al unísono en un supuesto golpe de efecto que muchos grupos indies reservan como numerito final. Las catalanas abrieron así su espectáculo sin miedo a no estar a la altura después, y de hecho, en ningún instante bajaron la intensidad de un rock comparable a un alarido catártico, a un grito de rabia posadolescente que trepa por el espinazo del oyente y logra conmoverle con ritmos violentos y nada trillados. Jazz, Carla, Leia y Antonio poseen una mezcla perfecta de técnica e instinto feroz que les permite emocionar en temas como ‘Skeleton’, ‘Strange Ones’, ‘Fun At The Gaysers’, ‘Evil Dead’ o ‘Second Sage’, extraídos de “Sorpresa familia”, su tercer largo. También rescataron, entre otros, ‘Otitis’, ‘Misery Factor’ y ‘Your Brain Is Made Of Candy’, material de cuando eran ‘teenagers’ y necesitaban permiso parental para actuar. Tocaron una versión de ‘Via’, de los belgas Deus, y tras confesarse felices entre tanto combo femenino –«en los festivales siempre hemos actuado entre barbas y penes», bromearon–, se despidieron con dos nuevos temas, ‘Bye, imbecile!’ y ‘Epilogue’, que rubricaron el mejor bolo de la noche con diferencia.

«¡Somos las putas Hinds!»(foto inferior y encabezado), rugieron Carlotta, Ana, Ade y Amber, tan o más internacionales que Mourn. Precisamente, la de Donostia era la penúltima fecha de su segunda gira mundial de este año, y en el puesto de merchandising, los precios de los discos estaban fijados en euros y libras. Otros detalles dieron fe de la dimensión que ha adquirido el grupo en poco tiempo: su mastodóntico equipo de sonido, la atención continua que les dispensó su resolutivo ‘pipa’ y, cómo no, las hordas de jóvenes que se apelotonaron en las primeras filas. Empezaron con ‘Soberland’ y después, siempre entre punteos surferos, ecos de garaje lo-fi y coros alocados, retrocedieron a su primer disco, “Leave Me Alone” (2016), con ‘Chili Town’, ‘San Diego’, ‘Easy’ y ‘Garden’. Después se enfocaron en ‘British Mind’ y buena parte del segundo álbum, “I Don’t Run” (2018), del que sonaron ‘Linda’, ‘The Club’ y ‘Tester’, dedicado a todas las chicas del garito tras el preceptivo «¡Vivan las mujeres!» Después de ‘Rookie’, en la que Ana García Perrote se marcó un raudo ‘crowdsurfing’, versionaron el ‘Spanish Bombs’ de The Clash y uno de sus himnos, ‘Bamboo’, al que siguieron ‘Finally Floating’, ‘Castigadas en el granero’ y ‘New For You’, en las que el pogo y el desenfreno inundaron la zona delantera. Las chicas fueron aplaudidas y vitoreadas como auténticas ‘ídolas’ mientras sonaba a tope por los altavoces el ‘Always Look on the Bright Side Of Life’ de los Monty Python, un luminoso colofón para una divertida y reivindicativa verbena.