La novena edición del festival Ron Barceló Desalia extendió su manto de actividades una vez más en República Dominicana, reuniendo a músicos, artistas, periodistas, invitados especiales e incluso una larga lista de modelos, influencers y participantes habituales en los grandes eventos de marca. Las actividades se sucedían una tras otra durante una semana completa mientras el colectivo Boa Mistura trabajaba en un proyecto solidario rehabilitando casas de estilo anglo-caribeñas y dotándolas de una personalidad propia y muy distintiva en consonancia con el slogan “Vive ahora”. Un servidor formó parte de la expedición que se acercó hasta Punta Cana en la segunda mitad del viaje, lo que comprimió las actividades en una carrera frenética en la que una fiesta seguía a otra.

Tras dos horas y media de carretera desde Santo Domingo, llegamos al amplio hotel resort Occidental Grand Punta Cana, un lugar plagado de estadounidenses y canadienses con ganas de esforzarse más bien poco, pero en el que la paz y la música se mantuvieron intactas en todo momento. El hecho de que nosotros hablásemos en castellano facilitó mucho el acortar distancias con todos los equipos de técnicos y trabajadores de Desalia, así que resultó muy sencillo conectar con buena parte de los participantes en el evento.

La primera actividad programada fue la primera Fiesta Desalia en la sala Kviar, una discoteca ubicada junto a un Casino en el que íbamos a presenciar las primeras sesiones de los Dj’s invitados. Abrió el andaluz Kiido, miembro de Nap Team (ganadores del concurso de Dj’s organizado meses atrás). Su sesión apostó por el baile en todo momento, cargando las tintas en la parte más edm de la electrónica, aunque sufrió más que nadie unos problemas técnicos que fueron lastrando periódicamente su set. En todo caso, la cosa le funcionó más o menos bien. La noche se cerraría con Fonsi Nieto y Alexander Som, quien cerraría dos días más tarde el festival. En todo caso, la primera de las fiestas funcionó con corrección aunque no provocó la excitación de la inesperada Pool Party que nos sorprendería a todos en el club Pearl. Poco importó que la lluvia y el viento nos aturdiesen durante buena parte de la tarde-noche, porque la respuesta del público y la entrega de algunos de los artistas consiguieron que los elementos no emborronasen demasiado la fiesta.

Las primeras sesiones estuvieron protagonizadas por chicas. Abrió la influencer de moda Dulceida que combinó electrónica con bastante reggaetón y electro-latino. Lo cierto es que algunos lo pasamos algo mal con su repertorio, pero vista la excitación de parte de la audiencia diría que las cosas no le fueron mal. Mucha más clase y mucho más talento a la hora de seleccionar repertorio tuvieron otras dos chicas, la Dj Katy Sáinz y la top model Cristina Tosio, que pincharon bajo el nombre de Crush Dj’s. Apostaron más por temas de desarrollo largo y espíritu house en sus diversas variantes y con un marcado aroma británico. Y les salió una sesión de lo más chula. El público se bajó de su carro al principio, pero fue sumándose poco a poco de nuevo a la actuación. De todos modos, la gran sesión de la tarde fue la protagonizada por Carlos Jean. Hacía unos cuatro años que no veía al madrileño desarrollar una sesión, pero les aseguro que no esperaba que me mantuviese tan atento como lo hizo. En su set hubo un poco de todo, empezó más calmado y acabó con trap electrónico del bueno. Por el camino cayó material future house, algo de big room e incluso algún chispazo drum’n’bass. Levantó al público con facilidad y puso en un aprieto a Albert Neve, que ocuparía su lugar a continuación tras los platos. De ahí que al catalán le costase bastante arrancar su sesión, aunque conforme el tiempo fue pasando se calentó lo suficiente para dar un cambio de rumbo a su set y apostar por su cara más dura. Cuando se le sumó Abel Ramos para protagonizar un b2b ya no había marcha atrás. A partir de ahí, la noche no hizo más que crecer y completarse con un Alexander Som que ha crecido mucho desde que le vi pinchando por primera vez hace un año y medio.

Aunque el gran cierre de los actos organizados por la marca se iba a llevar a cabo al día siguiente, el sábado 20 de febrero, concretamente en la Playa Cabeza de Toro, en un espacio prestado casi al mar y situado junto a una pequeña reserva animal. Por primera vez, al público español se le sumaban lugareños, ampliando la cifra de asistentes hasta las cinco mil personas. Cinco mil personas vestidas totalmente de blanco, debo añadir, puesto que ese era el dress code y fue seguido por todos los asistentes. De ahí que el ambiente tuviese algo de especial, huyendo del habitual espíritu festivalero y acercándose más a una gran fiesta ibicenca en tierras americanas. Supongo que poder disfrutar de un festival de estas características es algo que atrae al público local que, en otras condiciones, difícilmente podrá ver a bandas españolas sobre un escenario.

Abrieron de nuevo Kiido y Crush Dj’s –que ofrecieron un set muy parecido al del día anterior-, pero el cambio de rumbo de la noche llegaría con la actuación más pop de la noche. Supersubmarina empezaron bien y sonaron sólidos, pero algo se torció. A los pocos temas público y grupo se distanciaron y eso repercutió más de lo esperado en el fluir de la actuación. Los de Jaén intentaron mantenerse en su lugar, pero era evidente –por los comentarios de Chino- que las cosas no estaban funcionando para nadie. En todo caso, tuvieron que capear con la lluvía y al mismo tiempo con un público que dividía entre entregado (coreando temas y bailándolos) con la pasividad de la otra mitad, seguramente más interesados en los Dj’s que completarían el cartel un poco más tarde. Algo parecido les ocurrió a Najwajean, es decir, a Najwa Nimri y Carlos Jean. Su denso y oscuro show no acabó por atrapar a buena parte del público, pero incluso así su actuación fue francamente impactante. Hacía tiempo que no les veía sonar con esa fuerza y esa inquietante oscuridad. No lo esperaba, pero a mi modo de ver se llevaron el trono de la noche.

Blasterjaxx16

Abel Ramos & Albert Neve volvieron a aparecer juntos sobre el escenario y aprovecharon todas las oportunidades que la tecnología les brindó: un escenario futurista, unas pantallas leds a la altura de los grandes y un sonido de lo más potente. Pero su set se pareció demasiado al del día anterior para que se llevasen el gato al agua. Funcionaron y se desenvolvieron bien combinando sus temas, pero Blasterjaxx, o en este caso Thom Jongkind en solitario (en la fotografía), fue más a barraca. Lo curioso fue que el holandés no apostó por echar mano de todos sus hits, sino que prefirió mantener arriba la sesión todo el rato a base de bombos brutos y bastante big room. Hubo momentos para bromear y también para plantarse frente al escenario a provocar al público, pero lo cierto es que no se ando con demasiados remilgos. Directo y sin secretos. Y la cosa salió bien. Cerraron la noche en formato b2b Alexander Som y JP Candela, aunque demasiado tarde para que pueda explicar aquí su sesión.
En todo caso y a modo de resumen, apuntaré que el público del festival se entregó mucho más con las sesiones electrónicas que con las actuaciones pop, algo que podía empezar a imaginarse a mitad del concierto de Supersubmarina, que tuvieron que torear en una plaza no tan entregada como las que suelen visitar en los últimos tiempos.