Disculpen el cliché, pero la expectación es máxima en el Kafe Antzokia de Bilbao. Somos muchos los curiosos que venimos a ver… no sabemos muy bien qué. La palabra performance es un cajón de sastre sin fondo. Gente variopinta hace cola para ver “Riot Days”; algunos obtenemos curiosos pases “VIP” que chirrían con el espíritu Pussy Riot (más tarde concluiremos que es un guiño más del espectáculo… tal vez).

La cara más visible del colectivo Pussy Riot, Maria Alyokhina AKA Masha, representa su calvario y posterior liberación de la cárcel rusa junto a Kiryl Masheka (Belarus Free Theatre) y el dúo electrónico-experimental AWOTT (Asian Women On The Telephone).

Aparece en escena Alexander Cheparukhin, productor musical de esta adaptación punki-teatral del libro “Riot Days” de Alyokhina. Introduce la obra y nos advierte de que nos pongamos a cubierto…. (spoiler alert). Importante nota aclaratoria: el libro de Alyokhina “no son unas memorias, sino un manifiesto punk”.

Ajá. Veamos.

Un hierático trompetista aguarda tenso y altivo a la señal beat de la encargada en la mesa de mezclas, que le dará paso para abrir fuego. Tras de sí, una especie de documental de guerrilla, con subtítulos en castellano e inglés, alude a la necesidad de llevar la revolución rusa a la gran pantalla. “¿La de 1917?”,“No, la de ahora”.

Potente y arrolladora intro para dar paso a Maria Alyokhina -ataviada con un ácido pasamontañas fucsia, sello Pussy Riot, ¿y un rosario ortodoxo?-; junto a su compañero Kiryl Masheka. Batería y base electrónica caldean la revolución a punto de estallar sobre el escenario, al grito silencioso que leemos en los rótulos: “Cualquiera puede ser Pussy Riot”. Masha se desenmascara entre los vítores del público. Leemos eslóganes tan sugerentes y efectistas como la propuesta teatral en su conjunto: “No pueden ni IMAGINARNOS”.

El espectáculo se basa en trepidante spoken word, si bien la base electrónica otorga suficiente contundencia para que no decaiga el ritmo narrativo. “Putin se mea en los pantalones”. “Mostrad la libertad de la ira cívica”. Es difícil distraerse. Puños cerrados, cuerpo en tensión, de pronto los implacables artistas parecen sufrir espasmos que les llevan a saltar y a moverse de forma convulsiva por el escenario.

Todo empieza (y termina) con Putin: 2011, el presidente ruso se afianza en el poder – 23 de diciembre de 2013: la “amnistía VIP” de Putin, vía Volga negro, libera a Masha y a su compañera Nadezhda Tolokonnikova, tras dos años recluidas. Las críticas a la autoridad van desde lo mordaz -con frases irónico-explicativas como “La guitarra es un elemento no-ortodoxo”-, al rabioso análisis político: “El Patriarca Kirill y Putin se llevan bien porque ambos son agentes de seguridad”, “La iglesia es sinónimo del Zar”. Todo ello bajo la atronadora propuesta de AWOTT, que por supuesto versiona temas de Pussy Riot, como la “oración punk” de la discordia, con la consigna “¡Santa Mierda!”. Masheka se contorsiona cual Tyler Durden fuera de control -de hecho, en un momento de la actuación, un gran rótulo en la pantalla alude al club de la lucha (“Fight Club”)-.

Casi a ritmo de rap solemne y furioso, el descenso a los infiernos de esos días de revolución nos deja sin aliento. Desde los motivos que les llevaron a esa actuación en la catedral de Moscú a la persecución -bajo el epígrafe Operación escapar. “Regla #1: consigue un abogado”….-, el juicio, el aislamiento en prisión y la amnistía final. Un “manifiesto punk” teatralizado durante una hora sin tregua, en una propuesta de gran exigencia física para los cuatro integrantes de “Riot Days”.

No obstante, la última media hora quizá cuesta un poco seguir el ritmo. Lo narrativo y lo musical derivan en lo reiterativo, salvo golpes de efecto que exaltan al público vía puños-en-alto/abajo-la-policía; o citas célebres de Guy Debord, Charles Bukowski o Fidel Castro. También ayuda a mantener la atención el simulacro onanista de Masheka, que se afana la entrepierna con tal brío que acaba por los suelos. (Regla #X: El morbo vende. De toda la vida). Con el mismo ímpetu hará las veces de aguador furioso, al rociar unas docenas de botellines de agua entre el público (¡dispersa con mala fe!). Así que esta era la advertencia del productor…

El periodo carcelario de Masha fue tan convulso como su vida al otro lado de las rejas. Aislamiento, constantes traslados y transgresiones de las normas -según la policía-, huelga de hambre y una previsible alusión al Gulag. “Mi infierno, mis reglas”, desafía. Del odio al amor pacifista: “La belleza salvará al mundo”, “La amistad es más fuerte que la política”. Respecto a la amistad, llama un poco la atención la ‘no implicación’ de las otras dos caras más visibles de Pussy Riot, Yekaterina Samutsevich y Nadezhda Tolokonnikova, sobre todo la ausencia de esta última, que cumplió la misma condena que Masha y también aportó su versión de los hechos con la publicación de varios libros.

La función termina con la amnistía que le llegó a Masha en un Volga negro, si bien aún hoy duda de su libertad. “¿Soy libre?”. No olvida a los “otros presos políticos”, quienes considera merecían esa amnistía más que ella y, a modo de homenaje, la gran pantalla muestra varios retratos de los otros Pussy Riot.

Se despide con un grito desgarrador que arrastra a pie de pista, una frase a sus espaldas -“La libertad exige una lucha diaria”- y una sonrisa de agradecimiento.

Terminado el “manifiesto punk”, una se va efectivamente impactada, pero casi con los mismos sentimientos encontrados del inicio. ¿Se equivocaron con su “oración punk” en la catedral ortodoxa de Moscú, o fue precisamente lo que propulsó, dolorosamente, su razón de ser como activistas? Probablemente no merecían esa pena de cárcel, como probablemente tampoco merezcan ser consideradas el adalid de la libertad y la democracia. Su causa alcanzó cotas de circo pop cuando Madonna se solidarizó -¿o se apropió, como dirían algunos ofendiditos en estos tiempos?- con su nombre y sus símbolos.

“Nuestra sociedad ha dejado de ser una sociedad. Se ha convertido en una serie de celdas de hormigón sin ventanas”, (12 de julio de 2005, ‘Diario Ruso’, Anna Politkóvskaya).

New Day (foto inferior) es el nuevo proyecto de la exDover Amparo Llanos, con Samuel Titos (también exDover) en el bajo y Jota Armijos (exFuckaine) en la batería. Tras su disco debut “Sunrise” (2017), en apenas veinte días verá la luz su segundo álbum, del que nos adelantan algunos temas esta noche. Durante apenas media hora de actuación, desgranan gran parte de su debut, como el single de lanzamiento “Stay”, que Llanos dedica a su hermana y a Belako.

La etiqueta de “nuevo” parece algo más bien simbólico. El sello Dover es evidente, si bien sorprenden con alguna novedad de lo más… discotequera. Bases electrónicas programadas ocultas a nuestros ojos, unido a un pop meloso y con reminiscencias teenager, como “Free” o “Say Yeah”.
Muy sonriente y agradecida, Llanos se lleva la mano al corazón para decirnos que es “un verdadero honor” telonear a Pussy Riot.