La jornada empezaba puntual con Bryan McPherson, a quien le tocó el duro papel de abrir como cantautor un concierto donde la mayoría del público, del punk-folk estaba bastante más interesado en la parte punk que en la otra. Tanto él como la audiencia agradecieron que los siguientes grupos lo invitaran a subir al escenario unas cuantas veces, momentos en los que pudo demostrar ante bastante más gente por qué motivos se le incluyó en el cartel.

Y si Blood Or Whiskey estaban ahí para calentar el ambiente, lo hicieron con creces. Con ellos empezaron a sucederse los pogos (¡y menudos pogos!) que ya no pararían en lo que quedaba de noche, aunque a decir verdad no es que la gente se hiciera de rogar: a esas horas ya había un público totalmente entregado, lo que sería la tónica a lo largo de todos los conciertos, incluso con un grupo relativamente poco conocido fuera de su tierra como son los irlandeses. No sería de extrañar volver a encontrarles dentro de poco en una gira de salas (si había algún promotor en la sala lo extraño sería que no la hubiera).

Tras ellos llegaron los canadienses The Mahones, bastante más conocidos, con unas cuantas giras estatales a sus espaldas y seguidores dispuestos a corear lo que haga falta. Y es gracias a esos clásicos taberneros que la banda atesora que sacaron adelante un concierto en el que el sonido fue su peor enemigo, aunque a pesar de ello cumplieron y dejaron preparado el ambiente para lo que estaba por llegar. A continuación llegó una apisonadora. Y es que hay pocos grupos que pueden permitirse dejar fuera auténticos himnos como “The State Of Massachusetts” o arrancar “Barroom Hero” y “Im Shipping Up To Boston” sin tocarlas enteras, y aun así calcar un conciertazo como hicieron Dropkick Murphys. Si hay algo que destacó de los de Boston fue lo compactos que sonaron, sin fisuras, sin concesiones. Un concierto de hora y media escasa pero muy intensa, perfectamente calculada para que hubiera momentos en que toda la sala cantara “Rose Tattoo” o la apoteósica versión final de “If The Kids Are United” de Sham 69, y otras piezas en que se desataron pogos que darían envidia a cualquier grupo de hardcore que se precie. Para quitarse el sombrero, si no fuera porque a esas alturas nadie lo conservaba en la cabeza.