Placebo hacía una visita al WiZink Center de Madrid para celebrar su veinte aniversario. El espectáculo vino precedido por la actuación de la banda madrileña Digital 21, que acompañada del propio Stefan Olsdal de Placebo, supo ofrecer un set cargado de ritmo y fuerza electrónica.

A poco menos de las diez de la noche, la ya por derecho propio legendaria formación londinense hacía acto de presencia abriendo el concierto con uno de sus temas más emblemáticos “Pure Morning”, perteneciente su segundo y eternamente laureado álbum “Without You I’m Nothing”. Brian Molko aparecía estéticamente rejuvenecido y más seguro de sí mismo que nunca.

A partir de ese momento su repertorio se escoró hacia canciones relativamente actuales como “Loud Like Love” o algún corte tan infrecuente como “Soulmates”. La banda entró en un bucle cargado de sentimentalismo y oscuridad andamiado a base de temas lentos y estáticos que congelaron parcialmente al público. El colofón vino dado por “Without You, I’m Nothing”, en el que se recordó por medio de imágenes proyectadas en las mastodónticas pantallas al ya desaparecido y por siempre genial David Bowie.

Tras alcanzar el ecuador del concierto, Molko y el resto de la banda abandonaban su estrato sensiblero para ofrecer temas contundentes y enérgicos a los que deben gran parte de su fama. “36 Degrees”, uno de los cortes estrella de su primer disco homónimo de 1996, era tocado de forma más lenta y cadenciosa, aportando un nuevo punto de vista que refrescó la esencia de este clásico. La banda siguió recogiendo frutos de este primer disco para ofrecérselos a los allí presentes. “Lady of the Flowers” iba revestida de una agresividad melancólica que nos dejó con la boca abierta. El paroxismo fue alcanzado con “Special K”, con la que el combo y el público consiguieron fusionarse. “The Bitter End” sirvió de despedida antes de dejar paso a los bises, basados de nuevo en retrospectivas primerizas del calibre de “Teenage Angst” o la mítica “Nancy Boy”, que consiguió volver a poner en funcionamiento el motor del público. Tras tocar “Infra-Red”, la banda visitó de nuevo los camerinos para retornar una vez más al escenario y despedirse con una versión de Kate Bush, “Runnig Up That Hill”, que derivó en una suerte de experimentación etérea con cierto sabor a los primeros Throbbing Gristle, diluida en la espontaneidad de un ramdom perdido a la deriva.

Placebo dio una fiesta de cumpleaños marcada por el frío y la melancolía que no satisfizo enteramente, ya fuera por el dimensionamiento del repertorio o por el cariz del mismo.