De blanco impecable y transpirando sexualidad aparece en el escenario Brian Molko, acompañado del resto de su ahora numerosa banda. “For what’s worth”, de su reciente trabajo, “Battle for the sun”, abre el concierto y el suelo del Sant Jordi Club tiembla bajo los saltos del público, a pesar de no haber conseguido un lleno total. Los primeros minutos se convierten en un recital de este nuevo trabajo, con temas como “Ashtray heart” –el que fuera nombre de la banda antes del actual Placebo-, “Battle for the sun” o “Speak in tongues”, sobre el fanatismo en la religión. Con un castellano nada despreciable, Molko presenta a su “banda de rock”, pronunciando una r inacabable. La segunda parte parece dada a complacer a los fans primigenios, sobretodo cuando suena “Every you every me” y “Special needs”, pero el espejismo dura poco y Placebo, poco dados a la autocomplacencia y a poner las cosa fáciles, continua con temas de “Battle for the sun”. El ambiente se carga de ritmos pesados y contundentes, a caballo entre el alt rock e incluso el nu metal, filtreando con momentos más electrónicos y un no poder parar de sacudir la cabeza. El cénit de la noche llega de la mano de “Song to say goodbye” y las posturas rockstarnianas de Molko y Olsdal, y con el cover de “All apologies” de Nirvana, todo está dispuesto para “pasarlo bien un buen rato”. “Bitter end” se convierte en el himno vociferado por toda la sala. Y tras un bis amenizado por Mendelssohn y varias canciones del álbum “Meds”, la banda se despide con “Taste in men”. La frustración de no haber podido disfrutar de temas como “Nancy boy” o la versión de Kate Bush “Running up that hill” deja un sabor agridulce, sabiendo que es una apreciación algo injusta tras el despliegue de energía, guitarras –más de 25 guitarras para 21 temas- y potencia sonora ofrecido por Placebo.