Come Closer
DiscosTomora

Come Closer

8 / 10
Álex Jerez — 28-04-2026
Empresa — Fontana
Género — Electrónica

Tom Rowlands (Chemical Brothers) y AURORA avanzan entre paisajes etéreos y espíritu ravero para entregar un sólido y brillante debut. “Come Closer” nace con la fuerza de un río capaz de arrasar con todo y se desarrolla en libertad entre espiritualidad, maximalismo y pista de baile. Un verdadero despertar creativo para sus integrantes que, tras las entregas previas, consiguen certificar a lo grande el valor de Tomora como proyecto.

“I’ve seen your mind, seen your dreams”, narra AURORA en esa balada atmosférica que es “A Boy Like You”. Y es que este álbum supone un disparo directo al cerebro humano para ver qué hay verdaderamente en su interior. Una especie de droga caníbal que ataca ágil y sin pensarlo a lo que más le interesa. “Come Closer” relata así la ruptura de una inocencia que se quiebra, el dúo lo supo pintar muy bien en el videoclip de “Somewhere Else”, para alcanzar una etapa de autodescubrimiento, fascinación y evasión de la realidad (“Sail away, who am I?”). Los universos de sus dos integrantes se funden en este viaje espacial sin entorpecerse, conviven en armonía de forma clandestina, siempre estando conectadísimos buscando puntos comunes que aporten confort a la hora de crear y, por supuesto, valor añadido (“The Thing”).

Es por ello que, entre su pluralidad sonora, nos llevan a la pista con ese primer single que fue “Ring The Alarm”; sin prejuicios de por medio, nos invitan a recorrer un rock progresivo en “My Baby” o se vuelven más folk-pop con “Side By Side”. Y es que parece ser que todo es posible si pensamos en Tomora, es curioso ver cómo cada decisión que se toma conforme avanza el disco siempre suele ser la correcta. Incluso llegando el punto de conseguir mantener de forma constante un eje conceptual bastante claro alrededor de una entrega que baila entre la comprensión de la psicología a modo de robot, las conexiones humanas, la relación con la naturaleza y el choque industrial.

Tomora apuestan así por un disco en el que potenciar la idea de generar un proyecto que refuerce la búsqueda constante como experiencia vital, una creación que va más allá de la música; de lo sensorial como reflejan en “I Drink The Light”. Y que, además, canción a canción te coloca un foco de luz artificial directamente en los ojos para tratar de analizarte bien y meterse dentro de ti por completo. Casi con tanta agresividad como el mítico lavado de cerebro de “A Clockwork Orange”. Es evidente que esto no se trata de un simple juego, de algo pasajero o de un experimento al uso sin una concreta razón de ser. Más bien nos enfrentamos al nacimiento de una propuesta artística que enriquece a sus creadores, del origen de algo que, esperemos, conseguirá un largo recorrido y que nos va a regalar joyas tan valiosas como la que ya disfrutamos entre nuestras manos.

 

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