A Pixies les habíamos visto últimamente solamente en festivales, sobre todo en Primavera Sound con tres apariciones, la primera de ellas en Poble Espanyol, nunca antes se había congregado tanta gente para ver a un grupo en un mismo espacio, con apreturas, tensión, incertidumbre. Después repitieron, con un concierto agrio, Frank Black y Kim Deal ni se miraban a la cara, pero esas malas vibraciones resultaron providenciales para asistir a una actuación visceral y rabiosa. Pero parecía que estábamos condenados a verles para siempre a demasiada distancia del escenario, cuando sus canciones funcionan mejor en distancia corta, cuerpo a cuerpo. Por eso, el anuncio de una gira por salas se convirtió en una gran noticia, tanto que incluso agotaron entradas en un recinto con un aforo considerable. Los estadounidenses llegaban con dos novedades. La primera, “Head Carrier”, un disco con mejores prestaciones que el anterior (el catastrófico “Indie City”), recibido con agrado por sus seguidores y bien tratado en este caso por la prensa. La segunda, nuevo bajista, Paz Lenchantin.

Todo ello sumó en un concierto en el que desgranaron treinta canciones en hora y media, con un repertorio equilibrado y certero. En una primera parte, Frank Black agarra la acústica (a su lado, su inseparable compañero Joey Santiago), con bastantes temas de “Bossanova” (quizás su disco más distinto de la etapa clásica). “Where Is My Mind?” cayó enseguida (en otras circunstancias hubiera quedado para la traca final), en un tramo del concierto en el que Pixies alternaron temas más oscuros con algún que otro hit. Así pudimos ver a David Lovering cantando “La La Love You” como si le fuera la vida en ello; y escuchar su conocida versión de “Winterlong” de Neil Young, que funcionó muy bien con los coros de Paz Lenchantin.

A partir de “Vamos” empezó una furiosa parte eléctrica en la que Frank Black se desgañitó con moderación en algunos clásicos (“Isla de Encanta”, “Caribou”, “Planet Of Sound”), para acabar con esos dos caramelos que fueron “Debaser” y “Hey”. Y no podemos olvidarnos de “Into The White”, con el humo blanco nublando la vista y Lenchantin convirtiéndose en Kim Deal, dejando claro que Pixies se han renovado y oxigenado de la mejor de las maneras.

Su nueva visita a Barcelona sirvió para subrayar que Pixies tienen más vidas que un gato y que, visto lo visto, el grupo no parece tener la más mínima intención de tomarse otro respiro