Una nueva noche en la que Bilbao presentó un exceso de programación. Varios conciertos dirigidos al mismo público se celebraron en un radio de menos de 200 metros de distancia. No dispongo de información sobre las otras salas, Kafe Antzokia rondó el medio aforo con un cartel protagonizado por Niños Mutantes. Los granadinos cumplen veinte años dando guerra y solo por ello ya merecen todo el respeto. Diez discos, una buena cantidad de buenas canciones, una notable disposición para formar parte de una industria que quema mucho, amabilidad sobre el escenario y en el trato directo y agradecimiento a sus seguidores. Con esa base, su popularidad creció hace algunos años y les colocó en una destacada posición dentro del line up del indie nacional más comercial.

Su música ha formado parte de mi banda sonora desde finales del siglo pasado. Ese reconocimiento que obtuvieron finalmente es merecido, se lo ganaron currando mucho. Es una pena que para justificar la presencia en festivales, las bandas más populares del indie patrio tengan que publicar discos sin parar. Los festivales encumbran, es así. Aquí podríamos hablar largo y tendido sobre los cachés.

Pero mejor vamos a lo que nos ocupa. Porque tras los festivales, viene la asignatura complicada: la de las salas. ¿Tienen todos los grupos de primera línea ganas de dar la cara en un circuito de salas? Niños Mutantes demostraron ante la parroquia bilbaina que están bien preparados para superar esta materia, y lo que es más importante, que están motivados.

Tras la energía mostrada por los donostiarras Correos (próximamente, tendrán nuevo disco), sobre las once y media, arrancaron su set Juan Alberto, Nani, Andrés y Miguel. “Menú del día” abrió un repertorio amplio y variado, centrado en sus últimos discos. Es importante destacar sin temor a resultar poco interesante que la voz es uno de los valores de Niños Mutantes. Ya les gustaría a unos cuantos grupos de “primera división” contar con Juan Alberto como vocalista principal. Acompañados a la guitarra por su roadie Eloy (en sustitución de Alonso, el quinto miembro recientemente incorporado a la formación), los Mutantes fueron haciendo gala de una estupenda armonía, donde tuvo cabida el poderío guitarrero junto a una base rítmica sólida y unos teclados muy característicos del grupo.

Superada la primera mitad, llegó un momento emocionante con “FGL” (dedicado a Federico García Lorca y Granada) presentando a los cuatro músicos cantando en primera línea. No faltaron temas tan populares como “Errante” (no deja de sorprenderme que sea el más escuchado en Spotify), “No puedo más contigo”, “Hundir la flota” o ese hitazo que es “Te favorece tanto estar callada”. Completaron noventa minutos de actuación con dos temas (“Veneno polen” y una maravillosa “La ardilla roja”) de su primer trabajo que cumple veinte años en este 2018. En el remate final, “Todo va a cambiar” no podía faltar. El público mostró su admiración y alegría, la banda agradeció a varios seguidores venidos desde Bergara y Tolosa, que llevarán desde sus inicios siguiéndoles.

Resultar brillante a la par que sencillo, equilibrado y contundente, y no dejar de acariciar con tus canciones… Se puede hacer. Niños Mutantes son un buen ejemplo de ello. Por otros veinte años más.