Los responsables de La Cueva del Jazz programaron una noche de explicita consistencia, en un doble cartel atractivo que, en efecto, cumplió con lo que prometía. La velada fue inaugurada por los locales Baxtards, auténticas apisonadoras y sobrados a la hora de ofrecer una actuación asfixiante y sin atisbo de tregua en base a la visceralidad latente en su mezcla de hardcore y punk. El cuarteto lleva años funcionando a pesar de su juventud, y esa complicidad se traduce en solvencia y una tremenda pegada sobre el escenario.

Otros que también van sobrados de descaro son Niña Coyote eta Chico Tornado, que ofertaron justo lo que se esperaba de ellos. El dúo formado por Koldo Soret (Surfin Kaos) y Ursula Strong (Zuloak, Las Culebras) tomó el relevo y ofreció una eléctrica actuación de rock con pespuntes garageros y blues, siempre de aspecto clásico, trazo grueso y tremendamente efectivo.

Dado el formato (guitarra y batería) resultan inevitables las comparaciones con Royal Blood, The White Stripes o The Black Keys, aunque para ensuciar sus canciones también tiren indiscriminadamente de The Stooges, The Jon Spencer Blues Explosion, The Sonics, Jimi Hendrix (de quien incluso revisaron su “Foxy Lady”) o Led Zeppelin. Los donostiarras supieron jugar con la complicidad del público, generando un ambiente desinhibido al saltear temas propios con alguna apropiada versión, siempre en base a una crudeza sonora también propicia para la celebración.

Una creíble aspereza que, al contacto con la euforia etílica del fin de semana, derivó en hedonismo, desborde y merecido triunfo. Fue el resultado de aunar a medio centenar de aficionados y dos bandas que se complementaron a la perfección hasta arrasar con propuestas convencidas, directas y evidentemente bien llevadas a la práctica.