Con Napoleón Solo me faltaba la infalible prueba del algodón del directo, para acabar de certificar no tanto su indudable valía, como su futura proyección en el panorama pop-rock de nuestra escena. Y cabe decir que harían bien los diferentes programadores de festivales veraniegos en anotar con mayúsculas subrayadas el nombre de los andaluces en su agenda. Hits como la rotunda “Tienen que acabar”, la Planetaria “Perdiendo el tiempo” y la alocada “Lolaila Carmona” funcionaron de maravillas a la hora de levantar el espíritu de la escasa pero entregada audiencia de la sala Sidecar de Barcelona. Un público que respondió coreando las canciones más conocidas, y que me hace presagiar una progresión escalonada, gracias a la buena acogida de la prensa menos quisquillosa y el boca-oreja que va a generar estos conciertos de tanteo y presentación de su primer álbum. Pop y rock sin complejos, tocado con gran desparpajo y una actitud segura, casi de veterano, de su líder Alonso Díaz quien, pese a su juventud, desprende ese aura del que parece haber nacido para subirse a un escenario. Ahora tan sólo les falta lo que acaba siendo determinante para cualquier grupo que empieza: tocar, tocar y tocar. Darse a conocer y dejar el buen sabor de boca con el que salimos todos los presentes, porque lo demás sólo la diosa fortuna lo sabe.