Los a prioris estivales propios de un mes como éste: la distancia, el cuajo y la caló, se han reunido y confabulado para evitar que a cualquier gato de capital se le ocurra desperezarse y darse un garbeo por el sur madrileño. Sin embargo, nada de eso es suficiente, la gente es dura y este sábado quieren música en directo, quieren bailar.

Así que ya estamos en Getafe, desde la salida de la estación central se pueden observar más personas en busca del polideportivo, identificables por ese aura de despiste, jovialidad y despreocupación, que se desprende al no saber muy bien dónde se está, pero saber muy bien que se está haciendo lo que se quiere. Los grupos de gente empezamos a formar corriente por la calle Toledo, estamos al lado del recinto del festival. El sonido del abrir las latas de cerveza se hace protagonista y el cachondeo se impone necesidad, resulta entonces imposible no canturrear “Calores” de Juanito, sobre todo cuando dice “Mira como llega la caló azotando, hasta los lagartos están sudando”.

Ha sido un acierto de la organización abrir las puertas a las ocho, y empezar el concierto a las diez. La cola para entrar se hace tranquila y rápida, lo mismo sucede a la hora de comprar bebidas, no hay codos, no hay empujones, no hay moratones, la gente es consciente de que los encierros de San Fermín son en Navarra, y eso, se agradece siempre.

Juanito Makandé aparece puntual en el escenario acompañado de un percusionista, un saxo, un trombón, un bajo, una batería y una guitarra que se suma a la suya cuando no está tocando el cajón. Arranca homenajeando al de la Isla con “Pistolas y cuchillos” y recibiendo una gran respuesta por el público. Es innegable que el flamenco fusión de “Muerte a los pájaros negros” ha conquistado a muchísima gente de un año a esta parte, basta con un vistazo al recinto para ver que esa tranquilidad del principio se ha transformado en palmadas, divertidos gestos copleros y hasta en alguna que otra peineta flamenca.

De alguna manera pensaba que el llenazo iba a ser para Muchachito, y de eso nada, Juanito desde el primer momento lo ha conseguido haciendo de él “un orgasmo para el alma”. Siguiendo esta tónica y entre chatos de Jerez el compadre ha logrado hacer del disco un jaleo divertidísimo de gamberros perfectamente sincronizados, donde lo único que importa es pasarlo bien. Toca prácticamente el disco entero, desde “Tocar las nubes”, “Kamikaze” a “Eres para mí” de Julieta Venegas a quien se la dedicó, sin dejar de lado su disco anterior y canciones como “Ya no soy un crío”, “La llave” o la que se ha convertido en su insignia “Niña voladora”. Canción con la que el sevillano se pasa la hora de cerrar el concierto, gracias a un público encantado y sin ningún atisbo de queja.

Los cálculos y el reloj nos dicen que no vamos a tener demasiado tiempo entre un concierto y otro, y pese a estar bastante más holgados la gente no se mueve para no perder su sitio. ¿Cerveza? Sí, pero ve tú, anda.

La llegada de Muchachito es la llegada de una energía incombustible enfundada en una americana blanca que cubre una camiseta interior, a juego también con el pantalón de pata elefante y el sombrero. De blanco entero “como los locos” nos dice. Acompañado de su banda, lo primero que tocan son los ya clásicos “El día que tú me quieras” y “Me tienes frito”. Desprenden funky acelerado y Muchachito no para quieto, lanza patadas, salta, baila pareciera que Lou Bega estuviese bailando un charleston, entonces se relajan y le dedica “Azul” a Irene, “la única que le quiere de verdad”, pero la tranquilidad es momentánea, el escenario da calambre, y a ritmo de “arsa arsa” aparece El Langui, quien junto con el catalán se pone a rapear. Tras esto suenan los temas “Cara guapa” o “Sin vigilancia” cerrando el recorrido de una carrera de casi diez años dejando lugar al single de su nuevo disco “Tiré” y abriendo el escenario a un campo de improvisaciones al que salta de nuevo Juanito Makandé rapeando con el catalán, y cerrando el festival con lo mismo que lo habría, con Camarón, esta vez con “Otra galaxia” .