• Casi un lustro después de su anterior visita, Micah P. Hinson subió al escenario del Kafe Antzokia con su guitarra acústica y se plantó ante un micrófono y un atril lleno de papelillos. Recordaba la sala y haber actuado en ella junto a su actual mujer pero para decepción de algunos de los presentes en esta ocasión no había banda. Y eso que la primera línea del texto promocional de la sala decía textualmente “Micah P. Hinson and the Musicians of the Apocalypse presentan su nuevo disco ‘When I Shoot At You With Arrows, I Will Shoot To Destroy You’.

Pues no hubo Musicians sí hubo mucho Micah P. Hinson, el necesario para llenar el escenario grande del Antzokia. Porque lo que se presentaba como un concierto íntimo en la sala de arriba se convirtió en un reto para artista y público. El inicio era bueno para ambos, el cambio se debía a la respuesta en taquilla del público, que obligó a la organización a ampliar el aforo ante la demanda de entradas. Respuesta que amablemente agradeció el de Texas en su nombre y en el de su familia, a la que sustenta con su trabajo. No sería la última referencia a su reciente condición de padre de familia a lo largo de sus continuos monólogos entre canción y canción. Perfectos contrapuntos de ironía y distensión ante la gravedad de sus canciones, letras y voz.

Con diez minutos de retraso, un batido de naranja entre las manos y esa eterna imagen de desastre andante comenzó su actuación. Como un Dylan puesto de Xanax empezó a desgranar su último disco, grabado con 24 músicos tejanos anónimos en 24 horas inspirado por los 24 músicos de la arquivolta que rodea al tímpano del pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago. Esos que esperaban la Parusía, la venida por segunda vez de Cristo rodeado de los vivientes apocalípticos para separar a los justos de los condenados.

¿En qué bando estaría Micah P. Hinson? Seguramente en la de los condenados, igual que otros forajidos tejanos como Townes Van Zandt, Guy Clark, Waylon Jennings, Kris Kristofferson o Willie Nelson. Artistas con los que comparte la misión de extraer lo más puro de la música country, folk, de raíces, o lo que se quiera llamar, despojándolo de la cobertura de sentimentalismo y artificio que corrompe el género. Misión nada fácil para que el intérprete arrastre al público congregado, que primero escuchó con respeto, tras el bis con atención y finalmente con la convicción de que el esfuerzo de abstracción y concentración habían merecido la pena. Estaban asistiendo a otro salto sin red de un artista lleno de contradicciones. Ese que imita a Woody Guthrie escribiendo en su guitarra “This Machine Kills Fascists” pero que justo al lado escribe “Choose Vanity Over Wisdom”. Que celebra su nueva condición de padre de familia abstemio con una cerveza en la mano. Que domina perfectamente su instrumento y su voz pero que juega sin miedo con ellos, fomentando el riesgo de manera parecida A Howe Gelb por ejemplo.

Consciente como el de Arizona de que en los momentos en los que parece que no va a ninguna parte aparece la magia de lo inesperadamente creado, no programado. Y para lograrlo no hay concesiones a la galería. Como mucho las consabidas peroratas entre canción y canción, en las que abandona su rol de predicador del evangelio roots y se convierte en un parroquiano del bar contando sus cosas al que le escuche antes de volver borracho a la caravana donde le espera su familia.

Y si en su guitarra llevaba las palabras de Guthrie, de su portentosa garganta también salieron las del otro pilar de la música folk americana Lead Belly. Las de la preciosa “In The Pines / Where Did You Sleep Last Night”, conocida por toda la sala gracias al Unplugged de Nirvana, y que según Micah fue interpretada por Kurt por sorpresa, sin haber sido preparada por el resto de la banda. Y al hilo de esta historia ataca uno de las mejores canciones del álbum que presenta. Esa cuyo estribillo reza “Fuck your constraint, and fuck your progress and fuck your wisdom and the words to your songs”.

Tras hora y diez minutos de concierto llega el bis que comienza raudo y animado con Diggin A Grave, uno de sus temas más conocidos y animados, pero el ritmo vuelve a bajar y sorprendentemente solo un borracho aburrido mancilla el silencio de un público tan valiente como el loco que tienen ante sí. Un loco vanidoso que después de un bis casi más largo que el propio concierto se despide riéndose de que la canción que algunos consideran su mejor aportación al american songbook no trata sobre el amor sino sobre una violación. Contradictorio, controvertido, gótico . Siempre bienvenido. Solo o con banda.