GALERÍA FOTOGRÁFICA MAD MAT 2015

Madrid volvió a celebrar el Día Europeo de la Música por todo lo alto, aunque con sustanciales diferencias respecto a años anteriores y bajo una nueva denominación, Mat Mad Festival. En comparación con los carteles de el extinto Día de la Música (el festival) no solo brillaban por su ausencia las bandas internacionales, sino que en esta ocasión se apostaba todo a veteranos del rock español como Kiko Veneno, Los Enemigos e Ilegales. Un palo para los adalides de la modernidad en su propio centro de operaciones, pero un placer para la afición con más memoria y experiencia que prejuicio. Ángel Stanich, Corizonas y los vascos Smile bajaron la media de edad y pusieron todo de su parte a pesar del calor infernal de primera hora de la tarde, haciendo lo propio Jero Romero a mediodía, en una mañana pensada para los más pequeños y con entrada libre.

Debieron estar encantados los hijos de los propios músicos, conviertiéndose la cita en una de las pocas ocasiones en las que podrían acompañarles. Botellas de agua y vasos de cerveza desfilaban más por necesidad que por placer por la plaza cuando, ya sobre el escenario, Jero Romero, Charlie Bautista y compañía volvían a demostrar ser un perfecto engranaje musical. La cadencia y sincronización del grupo junto a la carga emocional y sensibilidad de las letras escapan a toda comparación en el panorama musical patrio. Una trayectoria en solitario la de Jero Romero que avanza firme sin fagocitarse en un éxito desmesurado, pero estable en un espacio conquistado con justicia. A destacar canciones como la coreable “Las leves”, de su primer disco en solitario, y “Hombre mayor”, uno de los temas más logrados del pasado año en el pop español, de admirable estructura y progresión.

El calor por entonces ya hacía verdaderos estragos y tocaba un pequeño descanso para comer y afrontar la tarde con fuerzas. Una tarde que abría enérgicamente uno de los nuevos talentos del rock nacional, Ángel Stanich, que tras algunos cambios cuenta ya con banda estable formada por Víctor L. Pescador (guitarra), Álex Izquierdo (bajo) y Lete G. Moreno (batería), aunque con Javier Vielba de Arizona Baby, amigo, productor y uno de los principales impulsores de Stanich, siempre cerca. En un concierto inevitablemente breve, las canciones de “Camino ácido” volvieron a ser las protagonistas, y vinieron a demostrar el salto que de un tiempo a esta parte ha dado el cántabro, pasando a ser solo promesa un tanto peculiar a una verdadera realidad, con el público entregado y acompañando en “Mezcalito”, “Mojo” y, por supuesto, “Metralleta Joe”. Demostrada su personalidad y lo vibrante de su repertorio queda esperar a conocer qué puede ofrecernos en la no ya tan lejana segunda entrega.

Avanzaba la tarde y la Nave 16 de Matadero regalaba un pequeño espacio de sombra para los menos valientes, dejando prácticamente vacío el espacio frente al escenario y suponiendo un reto extra para las bandas de primera hora. Llegados desde Getxo, John Franks y sus Smile recogieron el guante con optimismo, confiados a canciones como “Fight”, “City Girl”, el pop luminoso y sus all we need is love. Según John, allí en el norte el verano cae este año en miércoles, por lo que no había excusa para no echar el resto por un día. Saltos increíbles para cantar entre el público e incluso un acústico total con toda la banda bajo el escenario ponían la guinda a un momento que supieron aprovechar.

En esas llegaba un afable Kiko Veneno, generoso con su repertorio y con el público, totalmente dispuesto a la nostalgia. Exigente por necesidad, los problemas técnicos nublaban la primera parte de un concierto en la que sonaban desde el “Memphis Blues” a los “Superhéroes de barrio”, resolviendo cualquier complicación con soltura y cerrando la tarde con la muy esperada caída del sol. Con la noche llegaban Corizonas, espectáculo surgido de la unión de Arizona Baby y Los Coronas que parece estar viviendo momentos de cambio. No presentaban sino las canciones del ya algo lejano “The News Today”, su primer largo con canciones propias, aventurando el frontman Javier Vielba futuras mutaciones y cambios aunque confirmando su regreso para el próximo otoño.

Era ya el momento de volver a ver en un mismo cartel a dos bandas como Los Enemigos e Ilegales. Ambos grupos con mucho en común, cerrando el círculo de un regreso inesperado en plena forma y trajeados. Ilegales atacaban primero, alternando la presentación de las canciones de “La vida es fuego” con clásicos como “Europa ha muerto”, fija como versión actualizada en el repertorio de León Benavente e igual de vigente que siempre. El formato trío se rompía con la incorporación del polivalente y joven Mike Vergara, encargado de teclados o guitarra según requiriera la ocasión. Rabiosas, como si el tiempo no hubiera pasado, sonaban “Tiempos nuevos, tiempos salvajes” o “Soy un macarra”, así como las recientes “Voy al bar” o “Regresa a Irlanda”, tributo algo malintencionado a la bien conocida tendencia de cantantes femininas de folk anglosajón. Ilegales se despedían a regañadientes por las limitaciones de tiempo, evidenciando unas ganas renovadas.

Así, la raspa de pescado de Los Enemigos se alzaba al fondo del escenario para dar la bienvenida al cuarteto madrileño, conjuntado a excepción del inigualable Manolo Benítez, con su traje de guerra habitual. La vuelta a los escenarios de la banda ha estado caracterizada por la sobriedad y la total seriedad a la hora de afrontar un cancionero tan potente. Lo que no parecía ni probable tras las tensiones surgidas después de su separación y el buen rumbo de la carrera en solitario de Josele Santiago se materializaba de un modo natural pero una autoexigencia palpable. Canciones como “Dentro”, “Esta mañana he vuelto al barrio” o su famosa versión de Serrat, “Señora”, despliegan todo su potencial, perfectamente ejecutadas y sin lugar para las sorpresas. Era por supuesto también momento de defender su último disco, destacando ese irónico “Cementerio de elefantes” y casi cerrando con la sencilla pero emocionante “No es igual”. Señal todo ello de lo estable de un regreso que aún parece poder dar muchas alegrías. La madrugada anunciaba el fin de una larga fiesta en Matadero en la que pasado, presente y futuro del rock español confluyeron para suerte de los allí presentes.