Maga regresaban hace poco más de un mes con nuevo disco, seis años después de la publicación de “Satie Contra Godzilla” (Mushroom Pillow, 11) y aprovechando la inyección de euforia que supuso la gira celebración del décimo quinto aniversario de su debut. Los sevillanos se encuentran ahora presentando en directo las canciones incluidas en “Salto Horizontal” (Warner, 16), una obra (en su mayor parte) de talante definitivamente luminoso y optimista. Unas peculiaridades éstas realzadas firmemente sobre el escenario, en plena empatía con el público presente y hasta motivar el perfil general del encuentro.

De este modo, el cuarteto suena absolutamente esplendoroso, convencido y liberado, en lo que viene a ser un estado de ánimo que, al contacto con la ya conocida fuerza interpretativa y profundidad lírica del grupo, deriva en inevitable y delicioso impacto emocional. Además, Miguel Rivera parece cantar mejor que nunca –arrasador pero siempre elegante–, y la complicidad de la actual formación es una evidencia que se traduce en ausencia de fisuras. El grupo maneja también en su justa medida elementos efectistas de interacción, que funcionan y encajan con la línea argumental del evento después de aumentar la animosidad sin que el mencionado impacto emocional resulte alterado.

Los autores acometieron todas y cada uno de los diez cortes facturados en su reciente entrega, entre los que destacaron “Domingo”, la solemne “Esmeralda”, “Por las tardes en el frío de las tiendas”, “Juego”, “Cuando nadie me escriba” o la radiante “La noria”. Un set inteligentemente salteado con piezas clásicas tan celebradas como “Agosto Esquimal”, “Piedraluna”, “Silencio” o “Diecinueve”. Poco importó que la afluencia fuese mucho menor a la esperada (y merecida), con la respuesta de algo más de cien fieles aficionados. Y es que, únicos y necesarios dentro de la actual escena, Maga se encuentran inmersos en el que quizá sea su momento álgido como banda, luciendo con orgullo una madurez que les sienta maravillosamente.